VAYIKRA

Libro de Vayikra

Vayikrá (hebreo: וַיִּקְרָא‎, “Y llamó”) es el tercer libro de la Torá, conocido en español como Libro de Levítico. Forma parte del Pentateuco atribuido tradicionalmente a Moisés. Su contenido establece leyes rituales y normas de pureza.

Hechos clave

  • Título hebreo: Vayikrá (“Y llamó”)
  • Título en español: Levítico
  • Ubicación: Tercer libro de la Torá / Pentateuco
  • Idioma original: Hebreo bíblico
  • Tema central: Culto, sacrificios y santidad

Contenido y estructura

Vayikrá desarrolla los preceptos del sacerdocio levítico y el sistema de sacrificios en el Tabernáculo. Se divide en secciones que tratan las ofrendas (korbanot), la consagración de sacerdotes(Kohanim), las leyes de pureza ritual, el Yom Kippur (Día de la Expiación) y el denominado “Código de Santidad” (Levítico 17–26), que exhorta a vivir conforme a la santidad divina.

 

Significado teológico

El libro enfatiza la relación entre la santidad de Dios y la vida moral y ritual del pueblo. Introduce el principio “seréis santos, porque Yo soy santo”, que influye profundamente en la vida de un creyente. Su enfoque en la pureza, la expiación y la obediencia busca mantener la presencia divina entre los israelitas.

Influencia e interpretación.

 

En la tradición judía, Vayikrá es una guía litúrgica esencial y se estudia minuciosamente en las escuelas rabínicas. A lo largo de la historia, ha sido objeto de debate y reinterpretación ética, especialmente en torno a sus leyes de pureza y sacrificios.

 

Vayikrá (Levítico)

  • Leyes de sacrificios y pureza.
  • Santidad del pueblo y de los sacerdotes.
  • Fiestas bíblicas de Levítico 23.
  • Día de Expiación (Yom Kippur).
  • Llamado a vivir en santidad.
  • Enseña adoración, pureza y acercamiento a HaShem.

LECTURA SEMANAL

01

vayikra

Y llamó

Aliyás de la Torá:

  1. 1:1-13
  2. 1:14 – 2:6
  3. 2:7-16
  4. 3:1-17
  5. 4:1-26
  6. 4:27 – 5:10
  7. 5:11 – 6:7

02

tzav

Ordena

Aliyás de la Torá:

  1. 6:8-18
  2. 6:19 – 7:10
  3. 7:11-38
  4. 8:1-13
  5. 8:14-21
  6. 8:22-29
  7. 8:30-36

03

shmini

Octavo

Aliyás de la Torá: 

  1. 9:1-16
  2. 9:17-23
  3. 9:24 – 10:11
  4. 10:12-15
  5. 10:16-20
  6. 11:1-32
  7. 11:33-47

04

tazria

Concive

Aliyás de la Torá:

  1. 12:1 – 13:5
  2. 13:6-17
  3. 13:18-23
  4. 13:24-28
  5. 13:29-37
  6. 13:38-54
  7. 13:55-59

05

metzora

el que tiene tsaráat

Aliyás de la Torá:

  1. 14:1-12
  2. 14:13-20
  3. 14:21-32
  4. 14:33-53
  5. 14:54 – 15:15
  6. 15:16-28
  7. 15:29-33

06

ajarei mot

Después de la muerte

Aliyás de la Torá: 

  1. 16:1-17
  2. 16:18-24
  3. 16:25-34
  4. 17:1-7
  5. 17:8 – 18:5
  6. 18:6-21
  7. 18:22-30

07

kedoshim

Santos

Aliyás de la Torá:

  1. 19:1-14
  2. 19:15-22
  3. 19:23-32
  4. 19:33-36
  5. 20:1-7
  6. 20:8-22
  7. 20:23-27

08

emor

Habla

Aliyás de la Torá:

  1. 21:1-15
  2. 21:16 – 22:16
  3. 22:17-33
  4. 23:1-22
  5. 23:23-32
  6. 23:33-44
  7. 24:1-23

09

behar

En la montaña

Aliyás de la Torá: 

  1. 25:1-13
  2. 25:14-18
  3. 25:19-24
  4. 25:25-28
  5. 25:29-38
  6. 25:39-46
  7. 25:47 – 26:2

10

Bejukotia

En mis estatutos

Aliyás de la Torá:

  1. 26:3-5
  2. 26:6-9
  3. 26:10-46
  4. 27:1-15
  5. 27:16-21
  6. 27:22-28
  7. 27:29-34

 

 

Estudio libro Vayikra

Parashá N° 24 VAYIKRA (Y llamó)

Aliya 1

Parashá N° 24 VAYIKRA (Y llamó)

Aliyot # 1

Vayikra 1:1-13

LA PRIMERA LECCIÓN DE VAYIKRA.

Shalom, querida comunidad hemos comenzado un nuevo libro de la tora: Vaikrá.

Este libro inicia revelándonos una enseñanza profunda sobre la humildad de Moshé Rabenu, y lo hace por medio de una sola letra.

En Vaikrá 1:1 aparece la palabra ויקרא – Vaikrá (y llamó) con la letra Álef ( א (escrita en miniatura.

Los Sabios del Talmud de Babilonia y los comentaristas explican que esta pequeña letra encierra una gran lección de humildad.

La humildad de Moshé Rabenu reflejada en una letra               

Moshé Rabenu no quería escribir Vaikrá (ויקרא (porque esta palabra indica un llamado especial, íntimo y afectuoso de HaShem. Ese mismo término se usa cuando HaShem llama con cariño a los profetas o a los ángeles.

Por su profunda humildad, Moshé prefería escribir Vaikar (ויקר(, que significa“sucedió” o “ocurrió casualmente”, una expresión menos honorífica.

Este término aparece cuando HaShem se revela a Bilam (Balaam), un profeta de nivel espiritual.

Pero HaShem le dijo a Moshé que debía escribir “Vaikrá”.

Entonces Moshé, para no atribuirse grandeza, escribió la Álef (א (diminuta.

¿Qué enseñan los Sabios respecto a esto? Los Sabios enseñan que:

  • HaShem llamó a Moshé con amor y cercanía.
  • Moshé, en su humildad, se veía a sí mismo pequeño.

Por eso la Álef diminuta nos recuerda que mientras más grande es una persona

ante HaShem, más pequeña se considera a sí misma, también nos enseña que la

Presencia de HaShem se revela donde hay humildad.

Cuando el ego se hace pequeño, la voz de HaShem puede ser escuchada.

La diminuta Álef de Vaikrá nos deja un mensaje que trasciende generaciones , aunque Moshé fue el hombre que habló cara a cara con HaShem, eligió hacerse pequeño.

Así, la Toráh nos revela un principio espiritual cuando el ser humano se hace pequeño ante HaShem, entonces HaShem lo llama por su nombre.

Porque en el Reino de HaShem, la verdadera grandeza no está en exaltarse, sino en tener un corazón humilde, dispuesto a escuchar Su Voz.

Aliyot # 2

Vayikra 1:14-2:6

UNA ELEVACIÓN SINCERA

Al adentrarnos en este estudio sobre la ofrenda de elevación de aves, nuestros corazones se dispongan como aquellas pequeñas criaturas que ascendían en humo hacia lo alto. Que cada palabra que aprendamos hoy nos recuerde que la sinceridad, más que la grandeza, es lo que abre las puertas de la cercanía con HaShem.

Ofrendas de Elevación de aves.

Estos versos hablan de la ofrenda de elevación (Olah) de aves, que podía hacerse con una tórtola o un pichón de paloma. Era una ofrenda permitida especialmente para quienes no tenían los recursos para ofrecer un animal mayor.

La Torá enseña que cuando una persona traía una ofrenda de ave, el sacerdote la ofrecía completamente en el altar para HaShem. Aunque era una ofrenda pequeña comparada con un toro o un carnero, HaShem la recibía con el mismo favor.

De aquí aprendemos un principio espiritual profundo, y es que HaShem no mide el tamaño de la ofrenda, sino la intención del corazón.

El que traía un toro daba de su abundancia, pero quien traía un ave muchas veces daba

de su necesidad. Sin embargo, la Torá dice que ambas ofrendas eran de “olor grato para HaShem”.

La ofrenda de las aves nos recuerda que nadie está excluido de acercarse a HaShem.

No importa si lo que ofrecemos parece pequeño ante los ojos de los hombres; cuando se entrega con sinceridad, se eleva como una ofrenda agradable delante del Creador.

Así como el ave subía en humo hacia el cielo, nuestros actos sencillos hechos con pureza también se elevan ante HaShem. A veces, las ofrendas más pequeñas son las que vuelan más alto espiritualmente.

Aliyot # 3

Vayikra 2:7-16

UN CORAZÓN HUMILDE

Comenzamos este estudio sobre la ofrenda de Minjá,podamos acercarnos con la misma sencillez y pureza que caracterizaba esta ofrenda.

Que nuestras palabras, pensamientos y reflexiones se conviertan hoy en un pequeño

pero sincero regalo para HaShem, recordando que lo humilde, cuando nace del corazón tiene un valor inmenso en lo Alto.

La ofrenda de Minjá

La ofrenda de Minjá estaba hecha de harina fina, aceite e incienso. A diferencia de los sacrificios de animales, esta ofrenda era más sencilla y accesible, por lo que muchas veces era presentada por personas de recursos humildes.

Los sabios enseñan en el Talmud que cuando alguien trae una ofrenda pequeña, pero con un corazón sincero, es tan valiosa ante HaShem como la ofrenda más grande. Lo importante no es la cantidad, sino la intención del corazón.

La Torá ordena dos detalles muy significativos:

  • No poner levadura (jametz) en la ofrenda.
  • Sí añadir sal en toda la ofrenda.

La levadura representa muchas veces el orgullo y la arrogancia, porque hace que la

masa se infle. En cambio, la sal simboliza permanencia y pacto, recordándonos que

nuestra relación con HaShem debe ser constante, auténtica y fiel.

HaShem no busca grandeza externa, sino pureza interna. Incluso lo más sencillo, cuando se ofrece con humildad, se convierte en algo elevado.

Así como el Minjá era una ofrenda simple pero preciosa, también nuestras acciones (una oración, una buena palabra, un acto de bondad) pueden convertirse en una ofrenda espiritual cuando se hacen con un corazón sincero.

Aliya # 4

Vayikra 3:1-17

QUE TU VIDA SEA UN VERDADERO SACRIFICIO

que la paz y la pureza del Eterno iluminen nuestro estudio de la Torah.

Antes de comenzar esta porción de la Torah, quiero hacer un comentario extraído del libro Torah David  ̈Ensayos y Perlas sobre la porción de Vaikrá ̈.

En el judaísmo hay una enseñanza muy conocida: los niños comienzan su estudio con el libro de Vaikrá (Levítico), aunque a simple vista parezca un libro difícil por sus leyes de sacrificios.

Los sabios explican esto con una idea profunda:

  1. Que los puros estudien lo puro

El Midrash Vaikrá Rabbah enseña que los niños son puros, y los sacrificios son puros; que los puros se ocupen de lo puro. La idea es que el alma del niño está sin contaminar, y por eso es el momento ideal para conectarlo con temas de santidad, pureza y cercanía a HaShem.

  1. Enfoca en la relación con HaShem

El libro de Vaikrá trata sobre:

  • Korbanot (acercamientos/sacrificios)
  • Santidad
  • Pureza spiritual

No empieza con historia, sino con instrucciones sobre cómo acercarse a HaShem, enseñando desde el inicio que la vida tiene un propósito espiritual.

  1. Forma la conciencia espiritual desde temprano

Mientras otros libros como Bereshit narran historias, Vaikrá forma disciplina interior, conciencia del bien y del mal y responsabilidad.

  1. Educación basada en קדושה) Kedushá – santidad)

El judaísmo no solo busca conocimiento, sino transformación del carácter.

Empezar con Vaikrá transmite:

  • Reverencia
  • Sensibilidad espiritual
  • Respeto por lo sagrado

Como padres debemos recordar que no estamos criando solo un hijo, estamos formando un alma.

Debemos sembrar hoy lo que habitará en ellos para siempre. La mayor herencia no es lo que dejamos en sus manos, sino lo que formamos en su corazón.

Un niño que aprende santidad desde pequeño no se pierde cuando crece. Si hoy sembramos en ellos la esencia de Vaikrá (que es santidad, reverencia y conciencia de HaShem), mañana no importará dónde estén, porque HaShem ya habitará en ellos. Y cuando el mundo intente moldearlos, lo que ustedes formaron en secreto los sostendrá en público.

Esta Aliyá #4, que habla sobre la ofrenda de Shalom (Paz) y cómo debía ser presentada, es muy importante, ya que no era solo un sacrificio, sino un acto de comunión y armonía entre la persona, HaShem y los demás.

A diferencia de otras ofrendas, esta se compartía:

  • Una parte se ofrecía a HaShem
  • Otra para los sacerdotes
  • Y otra para quien la traía

Esto enseñaba que la paz verdadera no es individual, sino relacional y compartida.

Debía ser presentada con un animal sin defecto, lo que simboliza que la paz se construye con integridad y sinceridad, no con lo incompleto o lo superficial.

Además, se ofrecía con gratitud, por un voto o voluntariamente, mostrando que la paz nace de un corazón agradecido y dispuesto.

En esencia, la ofrenda de shalom nos recuerda que no puede haber paz con HaShem si no hay orden, gratitud y entrega genuina en nuestra vida.

Por eso los niños comienzan estudiando el libro de Vaikrá, porque, al ser puros, aprenden desde el inicio que acercarse a HaShem implica pureza, orden y paz en el corazón.

Que esta porción nos recuerde que la paz no se improvisa: se construye con integridad, con gratitud y con un corazón dispuesto a acercarse a HaShem sin reservas. Así como la ofrenda de Shalom unía al oferente, a los sacerdotes y al Eterno, también nosotros estamos llamados a vivir una fe que restaure, que una y que refleje Su presencia en cada relación.

Si enseñamos a nuestros niños y a nosotros mismos a caminar en santidad desde temprano, entonces la pureza de Vaikrá no será solo un estudio, sino un estilo de vida.

Porque cuando la santidad se siembra en el corazón, la paz se convierte en fruto, y la cercanía a HaShem se vuelve un camino seguro.

Que el Eterno nos conceda la gracia de vivir con orden, con reverencia y con un espíritu de paz, para que cada uno de nosotros sea una ofrenda viva que honre Su Nombre.

Aliya # 5

Vayikra 4:1-26

UNA VERDADERA TESHUVAH

Se describe la ofrenda por el pecado (Jatat), y cómo debía ser presentada.

Era una ofrenda traída cuando una persona cometía un error involuntario contra los mandamientos de HaShem.

No se trataba de rebeldía consciente, sino de:

  • Olvido
  • Error
  • Descuido spiritual

Su propósito principal era expiar el pecado, restaurar la relación con Dios y purificar al individuo o incluso al pueblo.

La forma de presentarla variaba según quién había pecado:

  1. 1. El Sumo Sacerdote o toda la congregación

Debían ofrecer un becerro.

La sangre se llevaba al Lugar Santo, se rociaba frente al velo y en el altar del incienso.

Parte del animal se quemaba fuera del campamento.

  1. Un líder (príncipe)

Ofrecía un macho cabrío sin defecto. La sangre se ponía en los cuernos del altar y la grasa se quemaba en el altar.

  1. Una persona común

Podía ofrecer una cabra o un cordero sin defecto. En caso de pobreza, se permitían tórtolas, palomas o incluso harina.

Proceso de la ofrenda

Incluía la imposición de manos: el oferente colocaba sus manos sobre el animal y luego este era sacrificado.

El derramamiento de sangre representaba la expiación.

El Jatat enseña que HaShem toma en serio incluso los errores no intencionales. Pero también revela

Su misericordia al proveer un camino de restauración.

La intención del corazón es clave: arrepentimiento sincero (Teshuvá).

Es importante comprender que no solo el pecado consciente aleja al ser humano; también la falta de atención espiritual requiere corrección.

HaShem, en Su bondad, no dejó al ser humano atrapado en sus errores, sino que abrió un camino para regresar.

Hoy, aunque no exista el Templo, el mensaje sigue vivo. Cada error es una oportunidad para volver, cada tropiezo puede convertirse en crecimiento, y cada acto de conciencia nos acerca más a HaShem.

Porque al final, no se trata solo de no fallar, sino de saber regresar.

Que estas palabras fortalezcan nuestro camino de retorno y crecimiento.

Aliya # 6

Vayikra 4:27-5:10

LA VOZ DE LA VERDAD

Estudiamos la Parashá Vaikrá, donde HaShem nos llama a acercarnos a Él con integridad y responsabilidad.

Si una persona peca al aceptar el requerimiento de prestar juramento como testigo (por haber visto algo o haber sabido algo) y aun así no lo declara, deberá cargar con su iniquidad.

Este versículo nos confronta con una verdad profunda, no solo pecamos por lo que hacemos mal, sino también por callar cuando conocemos la verdad.

Esta idea aparece con fuerza en el libro de Santiago 4:17, en el Brit Ha Hadashá, donde se enseña que quien sabe hacer lo bueno y no lo hace, le es considerado como pecado.

Es el mismo principio que, el silencio ante la verdad no es neutral, es responsabilidad.

En Yojanán 8:32 se declara que la verdad libera. Eso nos deja una enseñanza poderosa.

Cuando una persona oculta un testimonio, no solo afecta la justicia, sino que también se priva a sí misma y a otros de la libertad que trae la verdad.

Vaikrá 5:1 y el Brit Ha Hadashá coinciden en que HaShem busca personas íntegras, que no solo eviten el mal, sino que tengan el valor de hablar, actuar y testificar cuando la verdad lo exige.

Porque a veces, callar no es prudencia, sino falta de fidelidad.

En el tratado de Shevuot 30a–31a, los sabios enseñan que el pecado no está solo en mentir, sino en retener un testimonio que podría traer justicia. Explican que cuando una persona es capaz de declarar lo que vio o sabe, y aun así calla, ese silencio no es neutral, es considerado una transgresión activa, porque permite que la injusticia permanezca.

También enseñan que el juramento no es un simple formalismo; es un llamado a la responsabilidad moral delante de HaShem.

El testigo no solo responde ante un tribunal humano, sino ante el Cielo. Los sabios de Israel profundizan aún más: Callar la verdad es participar indirectamente en el error.

No basta con no hacer el mal; la justicia necesita personas que den un paso al frente cuando tienen la verdad en sus manos.

El Brit Ha Hadashá y el Talmud revelan que HaShem no solo busca que evitemos el mal, sino que seamos personas que se levantan por la verdad.

La justicia de HaShem se construye no solo con lo que decimos, sino también con lo que nos atrevemos a no callar.

Que esta Aliyá nos inspire a permanecer firmes en la verdad, a ser buenos testigos y a levantar la bandera de la justicia dondequiera que estemos.

Aliya # 7

Vayikra 5:11-26

CUANDO NADIE TE VE

En esta última Aliyah quiero enfocarme en el capítulo 5:22.

Este versículo habla de alguien que miente, engaña y traiciona la confianza de su prójimo o de su amigo. No con violencia, sino con algo más silencioso: la deshonestidad.

No es un pecado “escandaloso”; es algo que puede pasar desapercibido. Algo que incluso otros pueden no notar, pero HaShem sí lo ve.

Aquí no se trata solo de robar o mentir, se trata de romper la confianza. Cuando alguien confía en ti ya sea este un amigo, un hermano, un cliente, y tú fallas en lo secreto, no solo pecas contra esa persona, pecas contra HaShem. Porque HaShem está en medio de cada relación, en cada acuerdo, en cada palabra que damos.

Hay personas que oran, ayunan y cantan, pero en lo oculto actúan con injusticia.

Y este versículo viene a confrontarnos con amor, pero con firmeza: No podemos estar bien con HaShem si estamos mal con nuestro prójimo.

HaShem no separa lo espiritual de lo cotidiano. Para Él, la santidad también se mide en cómo tratas a los demás cuando nadie te ve.

Hoy debemos preguntarnos:

  • ¿He sido completamente honesto?
  • ¿He devuelto lo que no era mío?
  • ¿He aprovechado la confianza de alguien?

HaShem no solo quiere adoración; quiere que seamos íntegros. HaShem no solo escucha lo que dices en el altar; también ve lo que haces fuera de él.

La verdadera santidad no se demuestra en público, se revela en lo secreto, cuando decides hacer lo correcto, aunque nadie te vea.

Que HaShem te guarde en todo y que tengas una semana llena de luz, rectitud y paz.

Parashá N° 25 Tzav (0rdena)

Aliya 1

Aliya # 1

Vayikra 6:1-11

Que podamos acercarnos hoy al mensaje de la Torá con un corazón encendido, pero siempre sostenido por la humildad que HaShem espera de nosotros.

Los Sabios enseñan que en el Altar había tres fuegos distintos:

  1. El fuego principal del altar — Ma’arajá Gedolá

Era el fuego grande donde se consumían los sacrificios. Su función era quemar las ofrendas y mantener el servicio continuo.

Representa el servicio visible a HaShem: acción, obediencia y entrega pública.

  1. El fuego para las brasas del incienso

De este fuego se tomaban las brasas para el Ketoret. Su función era llevar brasas al interior del Santuario.

Hoy representa la oración, la vida interna, la intimidad con HaShem y la corrección del corazón.

  1. El fuego de mantenimiento — Esh Tamid

Era un fuego que debía permanecer encendido constantemente, como respaldo.

Su función era asegurar que nunca falte fuego y cumplir el mandamiento del fuego continuo.

En nuestra vida representa la constancia espiritual, la disciplina diaria, el compromiso silencioso.

Lo interesante es que la Torá nos presenta estos tres fuegos con nombres distintos, y a uno de ellos lo describe como “sobre la llama”, en hebreo לַע ה ָד ְוקֹמ, donde la letra Mem (מ (aparece diminuta.

De aquí aprendemos que, aunque la función de estos fuegos era consumir los sacrificios (el medio por el cual el pueblo se acercaba a HaShem), esa Mem diminuta nos enseña sobre la humildad.

Nos recuerda que, aunque pongamos esfuerzo, dedicación y amor en nuestro servicio a

HaShem, y aunque Él nos dé luz para este mundo, todo debe hacerse con humildad.

La llama puede ser grande, pero la Mem es pequeña.

El fuego puede arder fuerte, pero el corazón debe mantenerse humilde.

Que HaShem nos ayude a nunca olvidar esa Mem (מ) diminuta y todo lo que representa.

Aliya # 2

Vayikra 6:12-7:10

DE LA CULPA A LA RESTAURACIÓN

Quiera el Eterno nos conceda entendimiento mientras meditamos en la santidad del Asham.

Esta es la Ley de la ofrenda por la culpa (Asham). Santísima es.

Los sabios analizan por qué la Torah llama al Asham (ofrenda de culpa) Kodesh Kadashim (Santísimo), igual que otras ofrendas muy elevadas.

El Asham es Santísimo porque trata con pecados donde hubo:

  • Engaño
  • Uso indebido de lo sagrado
  • Culpa consciente o incluso dudosa

Los sabios enseñan algo impactante y es que, cuanto más hondo es el daño espiritual, más alto debe ser el nivel de santidad para repararlo.

El Asham no es una ofrenda cualquiera ya que, no solo limpia el acto, también restaura la relación moral y espiritual. Por eso es Santísimo. Se sacrifica en el lugar más santo.

Lo comen solo los sacerdotes. Tiene restricciones más estrictas.

Esto muestra que la culpa no se trata superficialmente, sino con máxima seriedad delante del Eterno.

El Asham revela algo del corazón.

Hay pecados evidentes (Jatat). Pero el Asham trata incluso con esa dulce culpa, esa conciencia inquieta; es decir, HaShem toma en serio incluso aquello que el ser humano no tiene completamente claro.

En el Brit Ha Hadashá, la idea del Asham se proyecta:

  1. Expiación completa: no solo se perdona el pecado, se restaura la relación, reflejando exactamente la función del Asham.
  2. Culpa consciente e inconsciente: así como el Asham cubre incluso la duda, el mensaje del Brit Ha Hadashá enseña que HaShem trata tanto lo visible como lo oculto del corazón.
  3. Nivel supremo de santidad: el Asham es Santísimo porque la reparación requiere un nivel elevado. En el Brit HaHadashá, la expiación también se presenta como algo supremo, no común ni ligero.

La culpa es profunda, la respuesta del Eterno no es menor, sino más santa.

Porque donde el ser humano falla, HaShem no responde con indiferencia, sino con un camino de restauración.

Que estas reflexiones fortalezcan el entendimiento y eleven el corazón hacia la santidad que repara y renueva.

Aliya # 3

Vayikra 7:11-38

LA SANTIDAD QUE SE SOSTIENE JUNTOS

En la sección de Levítico donde se describen las porciones reservadas para los sacerdotes, la Torá nos abre una ventana a una dinámica espiritual que va mucho más allá de la distribución de carne.

Los sabios del Jumash siempre vieron en este gesto algo profundamente humano: un acto de reconocimiento, de responsabilidad compartida y de educación del corazón.

Rashi explica que el pecho y la espaldilla entregados al sacerdote no son un pago, sino una forma de honrar a quienes sostienen la vida espiritual del pueblo. Es un recordatorio de que el servicio sagrado no es invisible ni automático; alguien lo sostiene con su tiempo, su cuerpo, su estudio y su entrega.

Ibn Ezra añade que esta distribución crea equilibrio, el oferente participa, Hashem recibe Su parte, y los sacerdotes también. Nadie queda fuera de la mesa de la comunión. La santidad, para él, siempre es un espacio donde todos tienen lugar.

Sforno, por su parte, insiste en que estas porciones no representan privilegio, sino responsabilidad. El sacerdote recibe porque está consagrado a servir, enseñar y guiar.

Su sustento está ligado a su misión, no a su estatus.

Y Rambán ve en este acto una pedagogía del corazón: al entregar parte del sacrificio, el pueblo aprende generosidad, desapego y conciencia de que lo sagrado necesita ser sostenido con acciones concretas.

Cuando uno lee estas interpretaciones juntas, aparece un mensaje que atraviesa los siglos: la vida espiritual de una comunidad no se sostiene sola. Requiere manos, requiere corazones, requiere personas que se dedican a servir, y requiere un pueblo que reconoce, apoya y participa. No es un sistema de jerarquías, sino de reciprocidades.

Llevado a nuestra vida cotidiana, este pasaje nos invita a mirar con otros ojos a

quienes sirven en silencio: los que enseñan, los que acompañan, los que organizan, los

que cuidan, los que mantienen viva la llama de la comunidad. Reconocerlos no es un

acto social, sino espiritual. También nos recuerda que dar: tiempo, recursos, atención,

gratitud, es parte de nuestra propia santificación. La Torá no separa lo espiritual de lo

material; nos enseña a unirlos.

Y para los líderes, este texto es un espejo. Los sacerdotes recibían porciones, sí, pero no para elevarse, sino para recordarles que su vida estaba al servicio de algo más grande que ellos mismos. Recibir con humildad, vivir con integridad, respetar los límites que Dios establece, y entender que el sustento viene de Él y no de la aprobación humana: todo eso está implícito en estas porciones. El líder no es dueño de la comunidad; es un puente. No es el centro; es un servidor. Su vida es parte del mensaje que transmite.

En última instancia, las porciones reservadas para los sacerdotes nos recuerdan que la

santidad no se sostiene en el aire: se sostiene en relaciones vivas. Una comunidad madura es aquella donde el servicio no se da por sentado, donde el agradecimiento no es un gesto ocasional, y donde el liderazgo se vive con humildad, claridad y responsabilidad.

La Torá nos invita a construir espacios donde todos aportan, todos reconocen y todos se dejan transformar. Donde el que sirve lo hace con integridad, y el que recibe enseñanza lo hace con gratitud. Donde lo material y lo espiritual no compiten, sino que se abrazan para sostener la vida común.

Quizá por eso este mandamiento, que a primera vista parece técnico, termina revelando algo profundamente humano: que la santidad florece cuando cada uno ocupa su lugar con honestidad, cuando el corazón aprende a dar sin miedo y a recibir sin orgullo, y cuando entendemos que la presencia de Hashem se manifiesta justamente allí, en la reciprocidad que nos une. Así, estas porciones no son solo para los sacerdotes; son para todos nosotros, porque nos enseñan a vivir como un pueblo que honra, sostiene y cuida lo sagrado en medio de la vida cotidiana.

Aliya # 4

Vayikra 8:1-13

CONSAGRADOS ANTE HASHEM

Esta aliyá nos muestra un momento único: Aharón y sus hijos son consagrados para el sacerdocio.

No se trata solo de la vestimenta especial sino del proceso que transforma su identidad. Moshe rabeinu los lava, los reviste, los unge y los presenta ante la comunidad. Aquí podemos aprender que el servicio a Hashem no nace de la improvisación, sino de una preparación profunda, de un llamado que viene de lo alto y de una disposición humilde del corazón.

Nuestros sabios siempre vieron en este pasaje una enseñanza sobre el liderazgo.

Rashi comenta que el lavado inicial simboliza que nadie puede entrar al servicio divino cargando impurezas del pasado. Sforno explica que las vestiduras no son un adorno, sino un recordatorio visible de la responsabilidad que llevan. Y el Midrash agrega que la unción con aceite representa la presencia divina que reposa sobre quien acepta servir con sinceridad.

Para ilustrar este pasaje, los sabios contaban una parábola sencilla pero profunda: “Había una vez un artesano que fabricaba vasijas finas. Un día, un discípulo le pidió aprender el oficio. El maestro aceptó, pero antes de enseñarle a moldear el barro, lo llevó al río y le pidió que lavara sus manos. El joven se sorprendió: ‘¿Por qué lavar mis manos si aún no he tocado el barro?’ El maestro respondió: ‘Porque no se aprende un oficio sagrado con manos que todavía recuerdan otras tareas. Primero se vacían, luego se llenan.’” Así, decían los sabios, ocurre con Aharón. Antes de servir, debe ser lavado.

Antes de actuar, debe ser vestido. Antes de enseñar, debe ser ungido. El liderazgo espiritual no comienza con lo que uno hace, sino con lo que uno permite que Dios haga en uno.

Esta parábola nos ayuda a entender que la consagración no es un acto mágico, sino un

proceso interior. Hashem no elige a Aharón porque sea perfecto; lo elige porque está

dispuesto a dejarse transformar. Y eso es lo que convierte a un ser humano común en

un servidor de lo sagrado.

Llevándolo a nuestra vida, este pasaje nos recuerda que todos, de alguna manera,

somos llamados a servir ya sea en la familia, en la comunidad, en el trabajo, en los

espacios donde Hashem nos coloca.

Pero que debemos tener presente que el servicio auténtico requiere preparación.

Requiere detenerse, limpiarse de lo que pesa, dejar que Hashem nos vista con nuevas

actitudes, nuevas palabras, nuevas intenciones. No se puede servir desde la prisa ni

desde el ego; se sirve desde la transformación.

Y para los líderes, esta enseñanza es aún más clara. El liderazgo no se toma: se recibe.

No se ejerce desde la fuerza, sino desde la obediencia. No se sostiene en la apariencia,

sino en la integridad. Aharón no se vistió a sí mismo, sino que Moshe lo vistió

El líder no se autoproclama; se deja formar. Por eso la Torá nos muestra este proceso

con tanto detalle, porque quiere que entendamos que servir en lo sagrado ya sea en un

altar, en un aula, en un hogar o en una comunidad, es un acto que comienza dentro.

Hashem no busca manos perfectas, sino manos dispuestas. No busca voces impecables,

sino voces que se dejen llenar de Su propósito. Y cuando eso ocurre, cuando

permitimos que Él nos lave, nos vista y nos unja, entonces nuestra vida misma se

convierte en un servicio.

Aliya # 5

Vayikra 8:14-21

EL MISTERIO DEL ALTAR

En el capítulo 8:15 dice: “Y lo degolló, y tomó Moshé la sangre y puso en las astas del Altar en todo su derredor con su dedo índice y purificó el Altar; y el resto de la sangre la vertió sobre la base del Altar y lo santificó para que pudiese lograrse expiación sobre el mismo”.

¿Por qué el Altar necesita expiación si es un objeto sagrado? ¿Acaso el Altar peca?

En el tratado de Zevajim 87b y también en Yoma 5a, se explica:

  1. El Altar absorbe la realidad espiritual

El Altar no es solo piedras o madera, es un canal espiritual.

Cuando el pueblo de Israel trae sacrificios:

  • Hay intención (kavaná).
  • Hay pecado.
  • Hay arrepentimiento.

Todo eso pasa por el Altar.

Por eso, los Sabios enseñan que el Altar requiere purificación porque está en contacto

con las faltas del pueblo. No porque peque, sino porque recibe el impacto espiritual del

pecador humano.

  1. La sangre purifica y consagra

El Talmud enseña que la sangre tiene un rol doble:

  • Expiar (kapará).
  • Santificar (kidush).

Aquí ocurre algo especial: la sangre no solo limpia al hombre, también prepara el Altar para cumplir su función correctamente.

Es decir, que sin esta acción el Altar no estaría apto para traer expiación.

Con esta acción, el Altar queda habilitado como instrumento de perdón.

Entonces aprendemos que el que expía también necesita preparación.

Los Sabios hacen un comentario basado en el Talmud:

“Aquello que trae expiación debe estar en estado de pureza total”.

Por eso se santifican los sacerdotes, los utensilios y el Altar también.

El mensaje que sacan los Sabios es impresionante: si incluso el Altar necesita ser preparado para ayudar a otros, cuánto más una persona que quiere influir, enseñar o restaurar a otros debe saber que necesita purificarse, alinearse y prepararse.

No basta con acercarse a lo sagrado, hay que prepararse para sostenerlo.

Aliya 6

Vayikra 8:22-29

DE LAS MANOS AL CORAZÓN

En esta ocasión nos enfocamos en Vayikrá / Levítico 8:26: “Y de la canasta de Matzot que estaba ante HaShem tomó una hogaza de Matzá, una hogaza de pan aceitoso y una oblea, y las puso sobre la grasa y sobre el muslo derecho. Y depositó todo en las palmas de Aharón y en las palmas de sus hijos, y la meció como servicio de mecimiento (Tenufá) ante HaShem.”

Los sabios enseñan que este acto no era solo un rito ceremonial; era una declaración profunda: todo lo que está en tus manos ahora le pertenece a HaShem.

HaShem no solo desea lo que entregas, sino lo que haces con tus manos:

 Tu trabajo

 Tus decisiones

 Tus acciones diarias

Cuando comenzamos a ver que todo lo que hacemos es para Él, nuestras cargas dejan de ser peso y se transforman en servicio. Lo cotidiano se vuelve sagrado.

Antes de servir, Aharón no actuó, sino que recibió. Porque nadie puede darle a HaShem algo que primero no haya venido de Él.

La Tenufá no solo movía una ofrenda; movía la vida del sacerdote. Y HaShem sigue diciendo cada día: “Entrégame lo que está en tus manos y Yo dirigiré tu vida.”

Hoy no traemos panes de sacrificio, pero sí traemos decisiones, acciones y propósito.

Cuando HaShem toma tu mano, no solo dirige lo que haces: transforma quién eres, te regresa a tu esencia y te revela tu propósito.

Porque al final, no se trata únicamente de lo que ofreces, sino de que tú mismo te conviertes en una ofrenda viva delante de Él.

Shabat Shalom uMevoraj, que este Shabat te encuentre con las manos abiertas, el corazón dispuesto y la vida alineada con Su propósito.

Aliya # 7

Vayikra 8:30-36

Antes de encender el fuego, HaShem forma al hombre

Esta porción nos entrega una enseñanza poderosa acerca del liderazgo, la consagración y la presencia de HaShem.

La Torá comienza hablando de la ordenanza dada a Aharón y a sus hijos sobre la ofrenda de elevación, la cual debía permanecer encendida sobre el altar durante toda la noche.

Aquí encontramos una revelación profunda: aparecen tres tipos de fuego.

Se mencionan expresiones como:

  • “sobre la llama” (al mokdáh hal),
  • “el fuego del altar”
  • y más adelante “el fuego sobre el altar”.

Estos fuegos eran parte de una misma realidad: una gran hoguera continua que también servía para encender el altar del incienso.

Lo impresionante es el orden, el fuego que permanecía encendido toda la noche

daba origen al siguiente, y este sostenía al tercero. De esta manera, el fuego del altar del holocausto era el que proveía los carbones para el altar del incienso en el Lugar Santo. Esto nos enseña un principio eterno: El fuego público depende del fuego que se mantiene encendido en lo secreto.

La humildad del fuego

La Torá menciona la palabra mokdáh hal con una letra mem (מ (diminuta.

Los sabios ven en este detalle una enseñanza. El fuego que sirve a HaShem debe estar marcado por la humildad. Aunque su función era consumir los sacrificios y encender el incienso, su esencia no era exhibirse, sino servir. Dejando una enseñanza para los lideres que, cuando se lidera o se sirve nunca debe hacerse para ser visto, sino para ser útiles en las manos de HaShem.

El incienso y la cobertura divina

El sumo sacerdote debía tomar de esos carbones y llevarlos al altar del incienso.

El humo formaba una nube que cubría el Arca del Pacto, tal como HaShem lo había ordenado, para que no muriera al entrar en Su presencia.

Esto revela que, la presencia de HaShem requiere preparación, orden y reverencia.

El carácter del líder

La Torá también establece que a Aharón y a sus hijos les correspondían el pecho y el muslo del sacrificio como porción. Esto no era solo un alimento, sino una enseñanza espiritual.

  • El pecho representa al corazón: un líder que ama, cuida y se entrega.
  • El muslo representa la fuerza: un líder firme que sostiene a la comunidad.

Un verdadero líder es aquel que se convierte en puente entre lo terrenal y lo

espiritual.

  • La sangre en la oreja, la mano y el pie

En Vaikrá 8:23–24, Moshé coloca sangre sobre: La oreja derecha, el pulgar de la mano derecha, el dedo gordo del pie derecho. Esto no es un detalle menor, es una formación completa del líder:

Oreja: aprender a escuchar con justicia, procesar con sabiduría y discernir con el

corazón.

Mano: actuar correctamente; sin justicia, las decisiones pierden firmeza

Pie: caminar en un camino recto, guiado por la verdad.

Un líder aprobado por HaShem escucha bien, actúa bien y camina bien.

Aceite y sangre: limpieza y unción.

En la séptima Aliyá, Moshé rocía aceite y sangre sobre Aharón, sus hijos y sus

vestiduras. Esto nos enseña que, la sangre purifica.

El aceite capacita, y no solo la persona es consagrada, también todo lo que

representa su vida.

Todo lo que somos y todo lo que hacemos debe estar dedicado a HaShem.

Los siete días: el proceso oculto

Finalmente, Aharón y sus hijos debían permanecer siete días en la entrada de la

Tienda de Reunión. Siete días apartados, siete días en la presencia, siete días

siendo formados. Este era el requisito antes de ejercer el ministerio.

Para encender el fuego y llevarlo al Lugar Santo, primero se necesita un proceso.

HaShem no está buscando solo personas que sirvan, sino personas que aprendan

a permanecer.

Si un líder aprende a permanecer en lo secreto, entonces estará listo para

representar a HaShem en lo público.

Porque el fuego que transforma a otros, es el mismo fuego que primero

 

transformó su interior.

HaShem está levantando una generación de líderes que no solo hacen, sino que permanecen; no solo hablan, sino que viven; no solo sirven, sino que han sido transformados.

El secreto no está en el altar visible… sino en el fuego que nunca se apaga en lo íntimo.

Parashá N° 26 SHMINI – AL OCTAVO DÍA

Aliya 1

Aliya # 1 Vayikra 9:1-16

ARMAR Y DESARMAR, LA CLAVE DEL ARREPENTIMIENTO

Shalom, queridos hermanos, al acercarnos a esta porción, abrimos el corazón ara recibir la luz y la profundidad que la Torá nos revela en cada detalle. Que estas palabras nos inspiren a mirar más allá de lo externo y a despertar el anhelo sincero por la Presencia Divina en nuestras vidas.

Y sucedió, en el octavo día, que Moshé llamó a Aharon, a sus hijos y a los ancianos de Israel. (Vaikrá 9:1). La Torá nos cuenta que durante los primeros siete días de Miluim (los días de preparación antes de la inauguración del Tabernáculo), Moshé construía el Tabernáculo cada mañana y, cuando caía el sol, al ver que HaShem todavía no había reposado allí Su Presencia, volvía a desarmarlo. (Comentario extraído de Ialkut Shimoni Vaikrá 518).

Esto ocurrió durante siete días: Moshé armaba y desarmaba el Tabernáculo cada día, esperando que HaShem se apiadara de Su pueblo y posara rápidamente Su Presencia entre ellos. ¿Por qué razón Moshé desarmaba el Tabernáculo cada noche en vez de dejarlo armado hasta que HaShem posara allí Su Presencia?

Porque el Tabernáculo no era solo una estructura física; era un acto diario de entrega, humildad y anhelo. Cada mañana Moshé lo levantaba como quien dice:

“Aquí estamos de nuevo, preparados, deseosos, esperando Tu Presencia”. Y cada noche lo desarmaba reconociendo que la Presencia Divina no se fuerza, se invita con un corazón sincero.

Hoy también podemos construir templos, hogares, vidas espirituales, pero si no hay deseo sincero, conexión real y un corazón quebrantado, todo queda solo en una estructura. HaShem no busca perfección externa; busca un corazón que realmente anhele Su Presencia.

El octavo día no llega por casualidad; llega cuando el corazón deja de vivir en rutina y se convierte en anhelo. Porque cuando el ser humano abre verdaderamente su corazón, el Cielo ya no tiene razón para permanecer cerrado.

Aliya # 2 Vayikra 9:17-23

ASI BENDECIRÁS A LOS HIJOS DE ISRAEL

Quisiera comenzar recordando la belleza y la profundidad que encierra la bendición de Aharón, un regalo espiritual que sigue iluminando nuestros días.

En esta porción de la Torá encontramos la bendición de Aharón y la Presencia Divina.

Habiendo terminado su primer día de servicio sacrificial, Aharón bendijo al pueblo por medio de la Bircat Cohanim (bendición sacerdotal), por primera vez.

¿Qué es la Bircat Cohanim?

Es una transmisión de bendición divina a través de los Cohanim, que incluye tres ideas centrales:

  • Protección: Que HaShem te bendiga y te guarde.
  • Gracia: Que haga brillar Su Rostro sobre ti.
  • Paz: Y te conceda paz.

Esta bendición no es solo un deseo, sino un canal espiritual. Los Cohanim no bendicen por sí mismos, sino que HaShem bendice al pueblo a través de ellos.

Para recibir la bendición sacerdotal, debes sentirte como un recipiente vacío que quiere llenarse.

No depende de nuestros méritos, sino que recibimos la bendición porque HaShem nos la quiere dar.

La humildad es la base de esto.

Debemos tener fe y conciencia, y entender que no es el Cohen el que bendice; es HaShem usando al Cohen como canal.

En el momento de la bendición no debemos distraernos; debemos enfocarnos completamente en las palabras, ya que cada palabra tiene un peso espiritual.

Debemos tener un deseo sincero de recibir: no solo oír, sino realmente querer la bendición.

Enseñan los sabios que la bendición fluye donde hay deseo verdadero.

Debe haber unidad y paz interior, ya que la bendición termina en Shalom, paz.

Debemos estar parados frente a HaShem sin resentimientos ni rencores, ya que la división bloquea, mientras que la unidad abre caminos de santidad.

Los sabios explican que en ese momento se despierta la Midat HaRajamim (Atributo de Misericordia).

Debemos recibir la bendición sacerdotal con un recipiente humilde, con fe total, enfoque, deseo sincero y corazón en paz.

Para recibir la Bircat Cohanim no depende solo del momento físico, sino de un estado interno.

En el momento en que la escuchas con conciencia, cuando los Cohanim dicen la bendición (especialmente en la Amidá), ese es el canal abierto.

Pero espiritualmente la recibes solo si estás presente de verdad.

Cuando tu corazón está abierto, aunque estés ahí físicamente, si estás distraído no entra igual.

La bendición se posa cuando hay atención, sensibilidad y deseo real.

Cuando te alineas con la cualidad de la bendición (bondad, luz y paz) la recibes espiritualmente. La recibes cuando tú también sueltas el enojo y estás en paz.

La Bircat Cohanim se recibe espiritualmente en el momento en que tu conciencia, tu corazón y tu intención se alinean para recibirla.

Los sabios enseñan que el Cohen no solo dice palabras: debe estar en un estado interior específico para que la bendición fluya correctamente.

Debe tener amor por el pueblo; esta es una condición principal, basada en la enseñanza de Aharón.

Debe bendecir con amor, sin enojo, sin rechazo hacia nadie, con un deseo genuino de bien para todos. Si no hay amor, el canal se bloquea.

Debe haber pureza de intención. El Cohen debe entender que él no es quien bendice; solo es un canal de HaShem, sin ego, sin buscar honor.

Debe estar en un estado de paz interior, no estar alterado ni en conflicto emocional fuerte, porque la bendición termina en paz, y no puede salir de un lugar de caos.

Los sabios explican que la bendición debe darse con alegría interna, no como algo mecánico. Debe haber pureza y preparación: tradicionalmente el Cohen lava sus manos; esa es una preparación espiritual y física, y se dispone con respeto y santidad.

Los líderes representan a Aharón, cuyo rasgo era amar la paz y perseguir la paz.

Por eso, en ese momento el Cohen debe convertirse en un canal de amor, humildad y paz absoluta.

La Bircat Cohanim no es un rito; es una responsabilidad sagrada.

Un líder no bendice con palabras, sino con su estado interior.

Si hay amor como el de Aharón, la bendición fluye; si hay ego o división, se detiene.

Levantar las manos no es un gesto: es declarar “No soy la fuente, soy el canal”.

La letra Shin –ש –recuerda que la Presencia de HaShem solo reposa donde hay paz.

Un líder verdadero no busca ser escuchado, sino ser un canal limpio para que otros sean bendecidos.

Aliya # 3 Vayikra 9:24-10:11

NO AGREGUES, ESCUCHA

Respecto a la muerte de los hijos de Aharón, está escrito: “Yo me santificaré a través de Mis allegados”, esto nos enseña que sus muertes provocaron una santificación del Nombre Divino. De acuerdo con las explicaciones de los sabios, se entiende que el fuego extraño que ofrecieron Nadav y Avihu se encuentra dentro de la definición de que todo el que agrega se equivoca, y por eso HaShem dispuso que murieran, para que su muerte recuperara el honor Divino que se había visto disminuido debido a la ofrenda de ese fuego no ordenado.

Hay dos formas de santificar el Nombre Divino:

  • A través del castigo y la muerte.
  • O siguiendo el camino de HaShem, tal como dijo el rey David en los Salmos:

“Hoy, si escucharán Su Voz”.

El rey David también nos advierte que debemos evitar caer en el error cometido por Moshé en el desierto al no hacer caso a HaShem y pegarle a la piedra en vez de hablarle, y en consecuencia fue castigado. El castigo de Moshé Rabenu provocó una gran santificación del Nombre Divino, y el pueblo de Israel pudo ver que hay juicio y hay Juez.

Además, todos los seres humanos, incluso el tzadik más elevado, en el futuro deberá rendir cuentas por sus actos. A esto se refiere el rey David al decir en los Salmos: “No endurezcan su corazón como en Merivá, como en el día de Masá en el desierto”.

Dicen nuestros sabios en Avot 4:17: “Es más bello un momento de teshuvá y buenos actos en este mundo que toda la vida en el Mundo Venidero”, y no se entiende a qué se refiere, ya que ellos mismos dijeron: Es más bello un momento cualquiera del Mundo Venidero que toda la vida en este mundo”.

¿Cómo se explica esta aparente contradicción?

El placer que existe en el Mundo Venidero no puede compararse con ningún placer que exista en este mundo. Incluso si juntamos toda la belleza, los placeres y los lujos que disfrutaron todos los que vivieron, viven y vivirán alguna vez en este mundo, esto seguirá siendo totalmente inexistente en comparación con el placer que reina en el Mundo Venidero, que es espiritual y eterno.

A pesar de esto, dicen los sabios que “es más bello un momento en este mundo que toda la vida en el Mundo Venidero”, porque este mundo es el lugar donde podemos actuar, cumplir con la Torá y sus mitzvot, ganarnos el Mundo Venidero.

Pero una vez que la persona abandona este mundo, ya no puede agregar ningún mérito ni mitzvá a su favor.

Este mundo es nuestro lugar de trabajo y donde debemos esforzarnos, y el Mundo Venidero es donde recibiremos nuestro pago, y quien lo merece recibirá su castigo. Por eso un momento en este mundo puede brindarnos la posibilidad de recibir pago en el Mundo Venidero, y esto es algo que no puede lograrse ni con toda la vida en el Mundo Venidero.

Tan grande es la importancia de este mundo que nuestros sabios dijeron (Avodá Zará 10b): “Hay quien se gana su Mundo Venidero en un instante”,

porque hubo personas que durante toda la vida actuaron en contra de la Torá y transgredieron sus mandamientos, pero cerca del momento de su muerte se arrepintieron profundamente y regresaron a HaShem con un corazón puro, haciéndose meritorios de recibir su pago en el Mundo Venidero (Avodá Zará 17a).

Allá se disfruta y aquí se construye, esa debe ser siempre nuestra consigna diaria, nuestro deber de implantar este trabajo en los corazones de nuestros hijos y del pueblo.

No necesitamos ser perfectos, pero sí necesitamos ser verdaderos.

No necesitamos esperar el final, porque hoy ya es el momento.

No necesitamos encender fuego extraño, solo necesitamos encender el fuego correcto, el que viene de escuchar y obedecer a HaShem.

No debemos santificar el Nombre Divino a través del dolor, debemos santificarlo a través de nuestras vidas.

Con cada decisión pequeña, en cada instante en que elegimos hacer lo correcto.

Porque ese momento puede valer más que toda una eternidad.

Al final, la vida no se mide por cuánto supimos, sino por cuánto escuchamos.

Nadav y Avihu nos enseñan que incluso lo más elevado necesita dirección.

Moshé Rabenu nos enseña que incluso el más grande es llamado a rendir cuentas.

Y el rey David nos grita a través de las generaciones: “Hoy… si escuchas Su Voz.

”No mañana. No cuando sea más fácil. No cuando tengas más tiempo. Hoy. Porque tal vez no podamos entender la grandeza del Mundo Venidero, pero sí podemos decidir, ahora mismo, si vamos a merecerlo, y quizás ese es el secreto más profundo: No esperes a que HaShem se santifique a través del juicio; haz que se santifique a través de tu elección.

Porque un solo instante de verdad, un solo paso de regreso, una sola decisión con el corazón correcto puede encender una luz que ilumine toda la eternidad.

Aliya # 4 Vayikra 10:12-15

“Cuando la santidad llega a la mesa del hogar”

Hoy quiero compartir una reflexión que nace del corazón mismo de la Torá, una enseñanza sencilla pero profunda, que nos recuerda que la santidad no es algo distante ni reservado para momentos solemnes. Es algo que puede entrar a nuestra casa, sentarse a nuestra mesa y formar parte de nuestra vida diaria. Y lo hace de una manera tan humana, tan cercana, que transforma la manera en que vemos nuestro hogar y nuestra relación con Hashem.

Cuando la Torá dice en Vayikrá 10:14 que el pecho mecido y la espaldilla elevada debían comerse “en lugar limpio, tú, tus hijos y tus hijas contigo”, está revelando algo que va más allá de una instrucción ritual. Aunque Aharón no tenía hijas, la Torá usa esta expresión para establecer una regla que vale para todos los sacerdotes de todas las generaciones. Los comentaristas del Jumash explican  que la frase “tus hijas” no describe la familia personal de Aharón, sino que define quiénes, dentro del hogar de un sacerdote, pueden participar de lo que Hashem consagra. Rashi enseña que las hijas de los sacerdotes pueden comer de estas porciones mientras vivan en la casa de su padre, y esto se confirma en Vayikrá 22:13, donde se explica que la hija del sacerdote puede comer de lo santo mientras forme parte del hogar paterno. La Torá habla así porque no está describiendo una biografía, sino enseñando cómo funciona la santidad dentro de la vida familiar del sacerdocio.

Detrás de esta expresión Hashem nos quiere enseñar que, la santidad que Hashem entrega no se queda en el santuario; llega a la mesa del hogar. Lo que se ofrece en el altar se convierte en alimento para la familia. Lo que se consagra en el servicio se transforma en provisión diaria. La casa del sacerdote se convierte en un lugar donde lo santo no es un concepto lejano, sino algo que se toca, se huele, se come y se comparte. El Jumash explica que esta porción podía comerse en un “lugar limpio”, no necesariamente santo, lo cual nos enseña que la santidad puede entrar en lo cotidiano, siempre que haya respeto y cuidado por lo que viene de Hashem. Es como si la Torá nos dijera: “No reserves la santidad solo para los momentos solemnes; deja que también viva contigo en tu casa”.

La mención de “hijos e hijas” también nos muestra que la santidad no es un asunto exclusivo del sacerdote. La familia entera participa del llamado. La esposa comparte la mesa donde se sirve lo que proviene del altar. Los hijos crecen viendo cómo se honra lo que Hashem da. Las hijas participan mientras viven en el hogar, mostrando que la santidad no es un rol, sino un ambiente. La enseñanza transmitida por generaciones nos recuerda que la santidad se aprende en la mesa, en las conversaciones, en la manera en que se trata lo que Hashem entrega. La casa se convierte en un pequeño santuario donde la vida diaria se vuelve una oportunidad para honrar a Hashem.

El contexto de este capítulo hace que todo esto sea aún más significativo. Nadav y Avihú habían muerto por tratar lo santo con ligereza, por actuar desde la emoción y no desde la obediencia. Y justo después de ese momento tan duro, Hashem le habla a Aharón sobre cómo deben comerse las porciones sagradas, quiénes pueden comerlas y en qué condiciones. Es como si Hashem estuviera diciendo: “La santidad no se sostiene en impulsos; se sostiene en el orden que yo establezco”. Y ese orden empieza en la casa. El Jumash recuerda que estas instrucciones son un “estatuto perpetuo”, lo que significa que no son reglas pasajeras, sino un diseño permanente para que la santidad tenga un lugar seguro donde habitar.

Todo esto nos lleva a una verdad sencilla de que, la santidad empieza en la casa.

Empieza cuando lo que Hashem da se recibe con gratitud y respeto. Empieza cuando la familia participa del llamado, no solo escuchando, sino compartiendo la vida que Hashem entrega. Empieza cuando la mesa del hogar se convierte en un lugar donde se reconoce que la provisión viene de Él. Empieza cuando el orden de Dios se vive en lo cotidiano, no solo en los momentos solemnes. La santidad no se impone; se contagia. Se aprende mirando, compartiendo, viviendo. Y cuando una casa honra lo que viene de Hashem, esa casa se convierte en un espacio donde la paz, el propósito y la bendición pueden echar raíces profundas.

Que esta enseñanza nos inspire a mirar nuestro hogar con nuevos ojos. Que podamos reconocer que la santidad no está lejos, sino que puede entrar por la puerta, sentarse a la mesa y acompañarnos en lo simple y lo diario. Que cada conversación, cada comida, cada gesto de amor sea un espacio donde Hashem pueda habitar. Y que nuestra casa, como la de los sacerdotes, sea un lugar donde lo santo se vuelve vida, alimento y herencia.

Aliya # 5 Vayikra 11:1-8

AÚN EN LO PERMITIDO PODEMOS SANTIFICARNOS

Shalom querida comunidad, en esta porción se describen las leyes de los

animales puros e impuros. Según la tradición judía, en la época de Noaj (Noé)

hubo un cambio importante respecto a comer carne. Antes del diluvio, la

humanidad (desde Adam) no tenía permitido comer carne. La alimentación era

vegetariana. Esto se basa en Bereshit (Génesis) 1:29, donde HaShem da como

alimento solo plantas y frutos.

Pero después del diluvio, con Noaj, HaShem permitió algo nuevo: “Todo lo que se

mueve y vive será para vosotros de alimento” (Bereshit 9:3). Aquí los sabios

explican que por primera vez se autoriza a comer carne animal. Antes era

prohibido matar animales para comer; después del diluvio fue permitido, pero con

una restricción clave; se prohíbe comer parte de un animal con vida, lo que se

conoce como “Ever Min HaJai” (miembro de un animal vivo). Esto se incluye dentro

de las siete leyes de los hijos de Noaj, que son mandamientos universales para

toda la humanidad.

¿Por qué se permitió? Los sabios dan varias explicaciones. Después del diluvio, el

mundo cambió y el ser humano necesitaba otra fuente de sustento. Noaj salvó a

los animales en el arca, y como resultado se le dio cierto dominio sobre ellos.

DE NOAJ A LAS LEYES KASHRUT

Como vimos anteriormente, se puede comer carne, pero con una base moral

mínima, como no comer de un animal vivo.

Más adelante, en el pueblo de Israel, la Torah eleva esa práctica a un nivel mucho

más espiritual a través de Kashrut. Kashrut llega con Moshé y la entrega de la

Torah. Ya no se trata solo de permitido o prohibido, sino de santificar el acto de

comer.

 

Se agregan reglas; solo ciertos animales, aquellos de pezuña partida y que sean

rumiantes; del mar, aquellos que tengan aletas y escamas; vemos también la

prohibición de mezclar la carne con la leche; y la forma específica de sacrificarlos,

la cual tiene el nombre de Shejitá. Los sabios explican que hay un sentido muy

espiritual y señalan la clave: comer no es solo físico, es espiritual.

Cuando una persona come correctamente, eleva la energía del alimento,

transforma lo material en algo con propósito, en servicio a HaShem. En cambio,

comer sin conciencia hace a la persona más “material”, la desconecta de lo

espiritual. Comer carne no es un derecho automático para satisfacer el deseo, es

una responsabilidad espiritual. Por eso, en tiempos antiguos, no todos comían

carne todos los días; incluso se reservaba muchas veces para Shabat u ocasiones

especiales.

A veces pensamos que comer es solo algo físico, pero la Torah nos susurra algo

mucho más profundo. Desde Adán, donde todo era puro y sencillo, hasta Noaj,

donde se permitió la carne, el ser humano ha ido aprendiendo una verdad esencial

no todo lo permitido es automático, todo tiene un propósito. Comer carne no es

solo satisfacer el cuerpo, es una oportunidad de elevarnos, de recordar que

incluso lo más material puede conectarse con lo espiritual.

Aliya # 6 Vayikra 11:9–32

NUESTRA SANTIDAD

Hoy quiero compartir una enseñanza que, aunque nace de las leyes de kashrut, ilumina también nuestra vida diaria. Hablaremos de

las señales de pureza en peces y aves, y del mensaje espiritual que nuestros sabios han transmitido a través de ellas.

Peces puros e impuros

La Torah enseña que un pez es kosher cuando posee aletas y escamas.

Sin embargo, la tradición agrega un detalle importante:

  • Si un pez tiene escamas visibles, aunque no se vean las aletas, es

considerado kosher.

Peces impuros

Son aquellos que no tienen escamas, como:

  • Bagre
  • Tiburón
  • Anguila

Los sabios incluso analizan qué tipo de escamas son válidas:

  • Deben poder retirarse sin desgarrar la piel del pez.

Aves puras e impuras

A diferencia de los peces, la Torah no da señales claras para identificar aves

puras. En su lugar, presenta una lista de aves prohibidas.

Aves impuras

Son principalmente aves de rapiña, aquellas que cazan:

  • Águila
  • Buitre
  • Halcón

Aves puras

Los sabios describen algunas características generales:

  • No son depredadoras
  • Tienen un dedo extra para apoyarse
  • Poseen buche para almacenar alimento
  • Su molleja puede pelarse con facilidad

Pero advierten algo esencial; No se debe confiar solo en señales, sino en una

tradición recibida. Por eso, solo se consumen aves con tradición clara, como:

  • Pollo
  • Pavo (aceptado posteriormente)
  • Paloma

Aquí es donde la halajá se convierte en una verdadera sabiduría para la vida.

Los peces: son sencillos de identificar, si tienen escamas, son puros. Lo correcto

se ve, se reconoce, se distingue sin esfuerzo.

Pero con las aves no ocurre lo mismo. No basta con señales externas. Hace falta

tradición, una cadena viva que conecta generaciones. Hay decisiones en la vida

donde la lógica no alcanza, donde lo que parece bueno no siempre lo es, donde

necesitamos dirección, maestros, comunidad y la voz de quienes caminaron antes

que nosotros.

Porque no todo lo puro brilla, ni todo lo que brilla es puro. Así como no comemos

un ave sin una tradición confiable, tampoco deberíamos tomar decisiones

importantes sin orientación, sin raíces, sin un marco que nos sostenga.

Y aquí aparece la enseñanza final, la que une todo; y es que sepamos reconocer lo

claro y evidente, como los peces, pero también buscar guía en lo complejo, como

con las aves. Que aprendamos a escuchar lo que viene de lo Alto, pero caminar

firmes sobre lo que ha sido probado aquí abajo. Que la claridad nos inspire, y la

tradición nos proteja.

Cada bocado puede ser solo alimento, o un acto con sentido, con conciencia, con

alma. Porque al final, no se trata solo de lo que entra en tu boca, sino de lo que

despierta dentro de tu corazón.

Aliya # 7 Vayikra 11:33–47

SED SANTOS, PORQUE YO SOY SANTO

La lectura de la Parashat Sheminí concluye con las leyes de pureza y santidad. En Vaikrá 11:44, HaShem no solo nos da una orden; nos hace una invitación llena de amor. No dice simplemente “cumplan”, sino: “Sean santos, porque Yo soy santo”.

Es la voz de un Padre que mira a Sus hijos y les dice: “Quiero que se parezcan a Mí, porque los amo”.

Cuando aprendemos a distinguir entre lo puro y lo impuro, entre lo que eleva y lo que apaga, descubrimos que no se trata solo de comida. Es una forma de recordar quiénes somos: un pueblo elegido para reflejar Su Luz.

Cada decisión, cada detalle, incluso aquello que entra en nuestra boca, puede acercarnos más a Él.

La santidad no es distancia, es cercanía. No es restricción, es conexión.

HaShem nos dice: “Así como Yo soy puro, quiero que Mi Presencia viva en sus actos, en su vida diaria”. En ese llamado hay ternura, propósito e identidad.

Porque cuando el pueblo se santifica, no solo obedece: se transforma en un reflejo vivo del amor de HaShem en este mundo.

Al final, la santidad no fue dada para alejarnos de la vida, sino para llenarla de Su Presencia.

Cada vez que elegimos lo puro sobre lo impuro, incluso en lo cotidiano, le decimos al Creador: “Queremos parecernos a Ti”. Y en ese instante, el cielo y la tierra se acercan, y el pueblo de Israel recuerda quién es. No somos un pueblo común; somos un pueblo llamado a reflejar la santidad de HaShem en cada detalle de la vida. Y cuando vivimos así, no solo caminamos en este mundo: hacemos que HaShem camine con nosotros.

Shabat Shalom. Que esta porción nos inspire a vivir con conciencia, con luz y con la belleza de saber que cada acto puede ser un espacio para Su Presencia.

Parashá N° 27 TAZRIA CUANDO CONCIBAS

Aliya 1

Aliya # 1

Vayikra 12:1-13:5

ENTRE LÁGRIMAS Y SANTIDAD

Shalom mis hermanos, después de tratar las leyes de tumá que surgen al tocar animales muertos, la Torá aborda la tumá (estado de impureza ritual) derivada del ser humano. El primer caso que analiza es el de una mujer que da a luz,porque representa el inicio de la vida y, por lo tanto, el comienzo de los procesos de tumá.

La Torá enseña que:

  • Por el nacimiento de un varón, la mujer atraviesa 7 días de Tumá y 33

días de Tahará (pureza ritual ̈).

  • Por el nacimiento de una niña, atraviesa 14 días de Tumá y 66 días de Tahará.

Los sabios explican varias razones profundas para esta diferencia:

  1. Mayor potencial de vida

El nacimiento de una niña implica que, en el futuro, ella también podrá dar vida. Por eso se considera que existe un “doble potencial de vida”, lo que se refleja en un proceso espiritual más largo.

  1. Intensidad espiritual del cuerpo

Algunos comentaristas enseñan que el cuerpo de la mujer pasa por un proceso más profundo de restauración cuando nace una niña, y esto se manifiestaen el doble tiempo de tahará.

  1. No es superioridad, sino función

No se trata de que uno sea mejor que otro, sino que cada nacimiento tiene un rol espiritual distinto dentro del plan de HaShem.

4 Complejidad de la creación femenina

El Midrash señala que la creación de la mujer, a partir de Adán, implicó un proceso más complejo. Ese eco espiritual también se refleja en su nacimiento.

Las ofrendas que ofrecía la mujer después del parto

La mujer que daba a luz debía traer:

  • Un cordero como Ofrenda de Elevación (Olá).
  • Una paloma o tórtola como Ofrenda por el Pecado (Jatat).

Si no tenía recursos, podía traer dos aves: una como Olá y otra como Jatat.

Los sabios aclaran algo esencial, la Jatat no es porque la mujer haya pecado al dar a luz. Durante el dolor del parto, la mujer puede llegar a pensar o decir en su corazón: “No volveré a estar con mi esposo”. Cuando el dolor pasa, ese pensamiento desaparece. La ofrenda, entonces, no apunta a culpa moral, sino a restaurar y elevar el corazón después de una experiencia emocional intensa.

  • El Jatat sana el aspecto emocional y,
  • El Olá eleva el alma y la acerca nuevamente a HaShem.

Estas ofrendas no son castigos, sino puentes de restauración espiritual.

Tumá y Tahará: no oscuridad, sino transición

Cuando una mujer da a luz, entra en días de tumá y luego en días de tahará. No porque haya algo malo en ella, sino porque ha tocado uno de los misterios más grandes de la creación: traer vida al mundo.

  • La Tumá es transición: el cuerpo y el alma reajustándose después de ser un

canal de vida.

  • La Tahará es renovación: un retorno a la armonía, una elevación después del

milagro.

¿Por qué más tiempo al nacer una niña? Porque en ese nacimiento hay un eco más

profundo: vida que dará vida, un ciclo dentro de otro ciclo, una semilla de

generaciones.

Después del nacimiento, HaShem no deja a la mujer sola en su fragilidad.

Las ofrendas son como un susurro divino: “Yo vi tu dolor. Yo entendí tus momentos de debilidad. Ahora ven, acércate otra vez a Mí.”

El Olá es el alma que vuelve a elevarse. El Jatat es el corazón que se sana.

Así, incluso en los momentos más intensos y vulnerables, HaShem prepara un camino de regreso lleno de luz. Porque después del dolor viene la vida, después de la tumá llega la tahará, y después de dar vida, surge una nueva cercanía con el Creador.

Aliya # 2

Vayikra 13:6-17

NO TODO LO QUE ES BLANCO Y BRILLA ES PURO

Que estas palabras lleguen con luz y entendimiento a cada uno de ustedes.

Esta segunda Aliyá habla sobre la bahéret, la seet y la mispájat, donde se explican las leyes de las afecciones de la piel conocidas como Tzaráat.

  • ¿Qué es la bahéret?

La bahéret es una mancha blanca brillante en la piel. Es la más intensa y clara de todas las manchas. Su color se describe como “blanco como la nieve”. Puede ser señal de Tzaráat cuando cumple ciertos criterios:

  • profundidad
  • vello blanco
  • expansión
  • cambios visibles
  • ¿Qué es la seet?

La seet también es una mancha blanca, pero:

  • Es menos brillante que la bahéret
  • Se describe como blanca como la lana
  • Puede indicar Tzaráat si presenta señales adicionales

Es una categoría más suave, menos intensa que la bahéret.

  • ¿Qué es la mispájat?

La mispájat es una erupción leve, generalmente blanquecina, tenue y superficial.

No parece profunda ni cumple con las señales principales de Tzaráat.

Cuando el Cohen examinaba y confirmaba que era mispájat, la persona era declarada pura, sin necesidad de aislamiento.

 

Diferencias principales

  • Bahéret → blanco intenso, como la nieve.
  • Seet → blanco suave, como la lana.
  • Mispájat → apenas perceptible, superficial.

Los sacerdotes examinaban estas categorías para determinar pureza o impureza ritual.

Una condición espiritual, no médica

La Tzaráat no es una enfermedad común. La tradición la entiende como una condición espiritual con manifestación física, asociada a conductas como el lashón hará (mal hablar).

No todas las manchas eran iguales, y no todas tenían el mismo peso espiritual.

Como podemos asociarlo y aplicarlo a nuestra vida, la bahéret es intensa y visible para todos. La seet es más suave, menos evidente. La mispájat es casi imperceptible. Así también ocurre en la vida:

  • Hay errores que todos ven.
  • Otros que solo algunos notan.
  • Y otros que solo uno mismo conoce.

Pero la enseñanza es clara, todo debe ser examinado. Lo pequeño, si se ignora, crece. Lo que se atiende a tiempo, se corrige a tiempo. HaShem no solo mira lo evidente; también mira lo oculto. Por eso, el llamado no es solo a limpiar lo externo, sino a cuidar el corazón.

Que esta enseñanza nos inspire a revisar nuestras acciones, nuestras palabras y nuestros pensamientos. Que aprendamos a reconocer lo visible y también lo que permanece escondido. Y que cada uno de nosotros pueda presentarse ante HaShem con un corazón dispuesto a sanar, crecer y elevarse.

Aliya # 3

Vayikra 13:18-23

TÚ DECIDES EL CAMINO

Shalom mis hermanos, en el capítulo 13:22 leemos: “Y si se extendiera por la piel, entonces el sacerdote lo declarará impuro; es llaga.”

La Torá utiliza la palabra נגע) Negáh) para referirse a “llaga”. Esta palabra también significa afección, plaga o golpe que impacta a una persona o cosa.

Proviene de la raíz hebrea נ–ג –ע, que significa tocar, alcanzar o afectar.

Por eso, Negá describe algo que toca físicamente (como una mancha o lesión) pero también algo que afecta espiritualmente, una consecuencia interna que se manifiesta hacia afuera.

Lo hermoso es que Negáh ( נגע (tiene las mismas letras que Oneg ( ענג (que significa deleite espiritual. Con estas dos palabras, los sabios enseñan un principio profundo: las mismas letras pueden formar aflicción o deleite; todo depende del orden interior.

Negá y el Bet Hakneset (Casa de Oración)

Los sabios enseñan que el Bet Hakneset es un “Mikdash Me’at”, un pequeño santuario, basado en Ezequiel 11:16. Es un lugar donde la presencia divina puede reposar… o donde puede aparecer Negá si se usa de manera incorrecta.

El Bet Hakneset como un cuchillo de doble filo

La Casa de Oración puede ser:

  • fuente de vida, bendición y cercanía a HaShem, o un lugar donde surge Negá, una afección espiritual.

¿De qué depende? De cómo lo usamos.

¿Cómo aparece el Negá en el Bet Hakneset?

Cuando un lugar santo se usa sin respeto, lo espiritual se invierte:

  • hablar durante la Tefilá,
  • hacer lashón hará dentro del templo,
  • entrar sin intención,
  • rezar por costumbre y no con el corazón,
  • perder la conciencia de que estamos en un espacio sagrado.

Entonces, lo que debía ser Oneg (deleite espiritual, se transforma en Negá)

afección.

Los sabios explican que:

  • cuando HaShem está en el centro, todo se ordena en Oneg,
  • cuando lo espiritual se desplaza, aparece Negá.

Transformar el espacio depende de ti

Cuando entramos al Bet Hakneset debemos hacerlo con intención pura:

  • cuidar nuestras palabras,
  • respetar el lugar,
  • recordar que es un pequeño Santuario,
  • comportarnos como si estuviéramos en el Bet HaMikdash.

Entonces el espacio se convierte en un lugar donde la Presencia Divina puede reposar. El mismo lugar puede ser herida o santidad, Negá o Oneg, distancia o cercanía.

La diferencia no está en las paredes, sino en cómo entramos y cómo hablamos dentro de él.

Aliya #4

Vayikra 13:24-28

NO JUZGAR POR LO QUE VEMOS

Hoy quiero compartir una reflexión basada en Levítico 13:24- 28, donde la Torá presenta el caso de una quemadura que, después de sanar, muestra una mancha que debe ser examinada por el Cohen. A diferencia de otros ejemplos, aquí la Torá nos muestra una situación cuyo origen es completamente conocido: la piel fue afectada por el fuego. El Jumash explica que, aunque la causa inicial es evidente, el Cohen no puede asumir que todo lo que aparece después es consecuencia natural de la quemadura.

Rashi enseña que el Cohen no se deja llevar por la historia previa de la piel, sino por lo que observa en el presente. El Sifra recuerda que debe evaluar si la marca tiene señales que indiquen un proceso distinto al de una quemadura común.

Ramban añade que la Torá nos enseña a no dar por sentado que entendemos completamente una situación solo porque conocemos su origen. El hecho de que algo haya comenzado de una manera no significa que todo lo que aparece después tenga la misma raíz.

Esta porción nos invita a mirar un aspecto muy humano: la tendencia a sacar conclusiones rápidas. Muchas veces creemos que entendemos una situación porque sabemos cómo empezó. Pero la Torá nos muestra que no es así. El Cohen no dice: “Como esto empezó con fuego, ya sé lo que es”. Tampoco dice:

“Como se ve extraño, debe ser impureza”. Él observa sin prejuicios, evalúa lo que está frente a él, no lo que cree que debería estar.

En el Brit Hadashá encontramos un principio muy similar cuando nuestro maestro Yeshúa enseña que no se puede juzgar “según las apariencias”, sino con un juicio justo. Esta enseñanza no es una frase aislada; es una corrección directa a la costumbre humana de creer que lo visible es suficiente para comprender. El confronta esa manera superficial de mirar porque sabe que la apariencia inicial rara vez revela la verdad completa. En varias ocasiones el maestro sorprende a quienes lo rodean porque actúa de una forma que rompe sus expectativas. La gente creía saber quién era alguien por su procedencia, por su familia, por su oficio o por su reputación. Para muchos, si ya conocían “de dónde venía” una persona, creían que ya sabían todo lo necesario. Pero el maestro muestra que conocer el origen no es suficiente para comprender la realidad presente.

Él se acerca a personas que otros ya habían catalogado. Mientras algunos veían a alguien marcado por su entorno, Él veía disposición. Mientras otros veían un pasado, Él veía un presente, y esto desconcertaba a quienes lo observaban, porque estaban acostumbrados a juzgar por lo visible, por lo inmediato, por lo que parecía lógico. Yeshúa les enseña que la verdadera comprensión requiere mirar más allá de lo evidente, igual que el Cohen debe mirar más allá de la quemadura inicial.

El Cohen no se deja llevar por la explicación fácil; Yeshúa tampoco se deja llevar por la etiqueta social. Ambos miran lo que está ocurriendo ahora, no lo que se supone que debería ocurrir.

Yeshúa también enseña este principio cuando habla de la levadura. Él explica que un pequeño elemento puede transformar toda la masa, y que no basta con saber de dónde vino la masa original; hay que observar qué está actuando dentro de ella en el presente. Es la misma lógica de Levítico: no importa cómo empezó la piel, importa qué está operando en ella ahora. No importa cómo comenzó la historia, importa qué está creciendo dentro de ella hoy.

Esta porción nos invita a vivir con una mirada más limpia, más justa y profunda.

Nos enseña a no asumir que entendemos una situación solo porque conocemos su origen. Nos recuerda que incluso cuando algo parece tener una explicación obvia, merece ser observado con atención. Y nos muestra que el juicio apresurado no es sabiduría, sino una forma de ceguera. Así como el Cohen no se deja llevar por la historia de la quemadura, nosotros tampoco debemos dejarnos llevar por lo que creemos saber, sino por lo que realmente está ocurriendo.

Que esta enseñanza nos ayude a mirar cada situación con ojos nuevos, sin suposiciones, sin conclusiones rápidas y sin arrastrar ideas que no corresponden. Que aprendamos a evaluar lo que está frente a nosotros con claridad, con paciencia y con justicia. Y que podamos reconocer que la verdadera comprensión no nace de lo que creemos saber, sino de lo que estamos dispuestos a ver con honestidad.

Shalom u’brajá. Que la paz y la bendición acompañen tu camino hoy.

Aliya #5

Vayikra 13:29-39

MÁS ALLA DE UNA MANCHA

Hoy vamos a estudiar dos tipos de afecciones mencionadas en la Torah: el Nétek y el Bóhak, descritos en Vayikrá 13:29 y 13:38.

El texto nos dice que, si un hombre o una mujer presentan una llaga en el cuero cabelludo o en la barba, el Cohén debe observarla. Si la llaga se ve más profunda que la piel y dentro de ella hay cabello amarillento y débil, la persona es declarada impura, pues se trata de un Nétek, una forma de Tzaráat en la cabeza o en la barba. En cambio, cuando aparecen manchas blancas claras en la piel, el Cohén también las examina, y si son opacas y superficiales, se trata de Bóhak, una afección que no implica impureza y la

persona es declarada pura.

El Nétek se refiere a una afección localizada en el cuero cabelludo o en la barba que provoca caída del cabello y cambios en su color, como volverse amarillento. Puede traducirse como tiña o caspa severa, y siempre requiere la evaluación del Cohén porque puede ser una manifestación de Tzaráat. El Bóhak, por su parte, son manchas blancas superficiales que no representan peligro espiritual ni ritual; pueden traducirse como empeine y no tienen profundidad ni señales de corrupción interna.

Estas dos condiciones nos enseñan algo profundo sobre la vida espiritual. No siempre lo que vemos por fuera revela lo que está ocurriendo en el alma. El Nétek representa la desconexión: esa ruptura interna que afecta la relación con HaShem, con los demás o con uno mismo.

 

Se manifiesta como pérdida, como algo que se desprende, igual que el cabello que cae cuando ya no está unido a su raíz. El Bóhak, en cambio, representa aquello que parece grave desde afuera, pero por dentro no tiene daño. Son manchas que pueden alarmar, pero no hay corrupción interna.

Esto nos recuerda que no todo lo que parece problema realmente lo es, y no todo lo que parece pequeño es inofensivo. Hay personas que parecen estar mal, como si tuvieran Bóhak, pero su corazón sigue limpio delante de HaShem. Y hay quienes viven con Nétek: por fuera todo parece normal, pero por dentro hay una desconexión silenciosa que nadie ve. Es mejor una mancha externa sin daño interno que una apariencia perfecta con un alma desconectada.

Si en algún momento sentimos que algo dentro de nosotros se ha roto o se ha alejado, siempre podemos volver a conectarnos a través del estudio de la Torah. Ella nos guía nuevamente hacia la Tahará, hacia la pureza, hacia esa unión profunda que tenemos con HaShem y que nunca se pierde del todo, solo espera ser restaurada.

Shalom uBrajá para todos. Que podamos mirarnos con verdad, sanar lo que debe ser sanado y caminar cada día más unidos a HaShem.

Aliya #6

Vayikra 13:40-54

DEL METZORÁ AL RETORNO

Hoy nos enfocaremos en Vayikrá / Levítico 13:45: “Todo aquel que tenga llagas de Tzaráat llevará vestiduras rasgadas, dejará su cabello suelto, cubrirá su labio superior y gritará: ¡Impuro! ¡Impuro!” Este versículo describe el estado del Metzorá, la persona afectada por Tzaráat. Revisemos cada punto con profundidad:

  1. Rasgará sus vestiduras

Los sabios explican que esta es una señal externa de duelo y humillación. El Metzorá es comparado con alguien en luto porque está separado de la comunidad. Rasgar la ropa hace visible su condición interior y lo invita a la introspección.

  1. Dejará crecer su cabello

Los sabios enseñan que esto implica un descuido deliberado de su apariencia. Mientras que una persona sana debe arreglarse, aquí se ordena lo contrario como señal de aflicción y para marcar su estado espiritual. Es un recordatorio de que algo dentro de él necesita reparación.

  1. Cubrirá la barba o el bigote

La tradición interpreta que debe cubrirse hasta los labios.

¿Por qué?

  • Para evitar que su aliento llegue a otros.
  • Como señal de vergüenza, pues la afección llegó (según la tradición) por el mal uso de la palabra.

El área que se cubre es simbólica: la boca, el lugar donde comenzó la falta.

  1. Proclamará: “¡Impuro! ¡Impuro!”

Este punto es profundamente significativo.

  • Advierte a otros para que mantengan distancia y no se impurifiquen.
  • Pero también despierta compasión, invitando a la comunidad a orar por él.

La Tzaráat no se entiende solo como una enfermedad física, sino como una consecuencia espiritual, especialmente asociada al lashón hará (la mala lengua).

Por eso, todo el proceso busca:

  • Hacer consciente a la persona de su estado.
  • Llevarla a la teshuvá (retorno).
  • Proteger y sensibilizar a la comunidad.

El que una vez gritó “¡Impuro! ¡Impuro!” para apartar a los demás, aprenderá luego a usar su voz para sanar, unir y bendecir. Porque quien reconoce su falta:

  • transforma su vergüenza en santidad,
  • su aislamiento en crecimiento,
  • y su silencio en un regreso a la vida.

Entonces de esta porción podemos aprender que la Tzaráat nos recuerda que nuestras palabras tienen poder: pueden herir o pueden restaurar. El camino del Metzorá es un llamado a revisar nuestro interior, sanar lo que crece mal y volver a la comunidad con un corazón renovado.

Que aprendamos a usar nuestra voz para construir, para unir y para traer luz donde antes hubo sombra.

Aliya # 7

Vayikra 13:55-59 Con Ayuda Del Cielo

LA PRENDA Y EL ALMA

Shalom a todos, en esta última aliya continuamos recorriendo las leyes de la Tzaráat, y llegamos a un punto que, aunque parece técnico, encierra una enseñanza

profunda para la vida.

La Torá describe el caso de una prenda afectada por una mancha que podría ser impureza. El Cohen la examina, la lava, la vuelve a revisar y determina si puede ser purificada o si debe ser destruida. A simple vista, es un procedimiento ritual; pero los sabios del Jumash enseñan que aquí se revela un principio espiritual que toca la vida cotidiana.

Ellos explican que la Tzaráat en las vestiduras no es un fenómeno natural, sino una señal que aparece en lo externo para llamar la atención sobre lo interno. La ropa representa

lo que mostramos al mundo: nuestras conductas visibles, nuestros hábitos, nuestras palabras, nuestras relaciones.

Cuando la Torá habla de una prenda que debe ser examinada, está hablando también de esos aspectos de la vida que “nos ponemos encima” y que otros pueden ver. Si la mancha permanece incluso después del lavado, la prenda debe ser quemada; si retrocede, puede ser purificada. No se trata de castigo, sino de discernimiento: saber qué puede ser restaurado y qué debe ser dejado atrás.

Los sabios explican que el Cohen no actúa como un médico, sino como un guía espiritual que ayuda a la persona a mirar

con honestidad aquello que ya no está funcionando. Hay comportamientos que pueden corregirse con tiempo, paciencia y trabajo interior, igual que la prenda que se lava una y otra vez hasta quedar limpia. Pero también hay patrones que, si persisten, deben ser cortados de raíz, porque seguir cargándolos solo contamina más.

La Torá nos enseña que no todo se repara con parches; a veces la verdadera pureza nace de la valentía de soltar lo que ya no tiene arreglo.

El Brit Hadasha insiste en que la pureza no es solo apariencia, sino un trabajo interior que se refleja en la conducta. Se enseña a no juzgar por lo que se ve a simple vista, sino a examinar con justicia, igual que el Cohen que observa la prenda más de una vez antes de decidir. También se habla de apartar aquello que causa tropiezo, no como castigo, sino como un acto de responsabilidad espiritual. Es la misma lógica de la Torá: lo que puede ser sanado, se sana; lo que destruye, se deja ir.

La enseñanza para nosotros en este Shabat es clara y a la vez profundamente humana. Todos llevamos “vestiduras” que representan nuestras acciones y nuestras formas de

relacionarnos. A veces descubrimos manchas: palabras que no debimos decir, actitudes que nos alejan de quienes amamos, hábitos que nos desgastan. La Torá no nos pide

escondernos ni fingir que todo está bien; nos invita a examinar, a lavar, a revisar de nuevo. Y si algo no cambia, nos llama a tener el coraje de soltarlo. La pureza no es perfección, es honestidad. Es la capacidad de reconocer lo que puede transformarse y lo que debe dejarse atrás para que la vida vuelva a fluir.

Que este Shabat nos encuentre con un corazón dispuesto a revisar nuestras “vestiduras”, a limpiar lo que puede limpiarse y a liberar lo que ya no sirve. Que aprendamos a caminar con ligereza, con claridad y con la serenidad de quienes saben que cada proceso de purificación es, en realidad, un regreso a la vida.

Parashá N° 28 SHMINI AL OCTAVO DÍA

Aliya 1

Aliya # 1

Vayikra 12:1-13:5

ENTRE LÁGRIMAS Y SANTIDAD

Shalom mis hermanos, después de tratar las leyes de tumá que surgen al tocar animales muertos, la Torá aborda la tumá (estado de impureza ritual) derivada del ser humano. El primer caso que analiza es el de una mujer que da a luz,porque representa el inicio de la vida y, por lo tanto, el comienzo de los procesos de tumá.

La Torá enseña que:

  • Por el nacimiento de un varón, la mujer atraviesa 7 días de Tumá y 33

días de Tahará (pureza ritual ̈).

  • Por el nacimiento de una niña, atraviesa 14 días de Tumá y 66 días de Tahará.

Los sabios explican varias razones profundas para esta diferencia:

  1. Mayor potencial de vida

El nacimiento de una niña implica que, en el futuro, ella también podrá dar vida. Por eso se considera que existe un “doble potencial de vida”, lo que se refleja en un proceso espiritual más largo.

  1. Intensidad espiritual del cuerpo

Algunos comentaristas enseñan que el cuerpo de la mujer pasa por un proceso más profundo de restauración cuando nace una niña, y esto se manifiestaen el doble tiempo de tahará.

  1. No es superioridad, sino función

No se trata de que uno sea mejor que otro, sino que cada nacimiento tiene un rol espiritual distinto dentro del plan de HaShem.

4 Complejidad de la creación femenina

El Midrash señala que la creación de la mujer, a partir de Adán, implicó un proceso más complejo. Ese eco espiritual también se refleja en su nacimiento.

Las ofrendas que ofrecía la mujer después del parto

La mujer que daba a luz debía traer:

  • Un cordero como Ofrenda de Elevación (Olá).
  • Una paloma o tórtola como Ofrenda por el Pecado (Jatat).

Si no tenía recursos, podía traer dos aves: una como Olá y otra como Jatat.

Los sabios aclaran algo esencial, la Jatat no es porque la mujer haya pecado al dar a luz. Durante el dolor del parto, la mujer puede llegar a pensar o decir en su corazón: “No volveré a estar con mi esposo”. Cuando el dolor pasa, ese pensamiento desaparece. La ofrenda, entonces, no apunta a culpa moral, sino a restaurar y elevar el corazón después de una experiencia emocional intensa.

  • El Jatat sana el aspecto emocional y,
  • El Olá eleva el alma y la acerca nuevamente a HaShem.

Estas ofrendas no son castigos, sino puentes de restauración espiritual.

Tumá y Tahará: no oscuridad, sino transición

Cuando una mujer da a luz, entra en días de tumá y luego en días de tahará. No porque haya algo malo en ella, sino porque ha tocado uno de los misterios más grandes de la creación: traer vida al mundo.

  • La Tumá es transición: el cuerpo y el alma reajustándose después de ser un

canal de vida.

  • La Tahará es renovación: un retorno a la armonía, una elevación después del

milagro.

¿Por qué más tiempo al nacer una niña? Porque en ese nacimiento hay un eco más

profundo: vida que dará vida, un ciclo dentro de otro ciclo, una semilla de

generaciones.

Después del nacimiento, HaShem no deja a la mujer sola en su fragilidad.

Las ofrendas son como un susurro divino: “Yo vi tu dolor. Yo entendí tus momentos de debilidad. Ahora ven, acércate otra vez a Mí.”

El Olá es el alma que vuelve a elevarse. El Jatat es el corazón que se sana.

Así, incluso en los momentos más intensos y vulnerables, HaShem prepara un camino de regreso lleno de luz. Porque después del dolor viene la vida, después de la tumá llega la tahará, y después de dar vida, surge una nueva cercanía con el Creador.

Aliya # 2

Vayikra 13:6-17

NO TODO LO QUE ES BLANCO Y BRILLA ES PURO

Que estas palabras lleguen con luz y entendimiento a cada uno de ustedes.

Esta segunda Aliyá habla sobre la bahéret, la seet y la mispájat, donde se explican las leyes de las afecciones de la piel conocidas como Tzaráat.

  • ¿Qué es la bahéret?

La bahéret es una mancha blanca brillante en la piel. Es la más intensa y clara de todas las manchas. Su color se describe como “blanco como la nieve”. Puede ser señal de Tzaráat cuando cumple ciertos criterios:

  • profundidad
  • vello blanco
  • expansión
  • cambios visibles
  • ¿Qué es la seet?

La seet también es una mancha blanca, pero:

  • Es menos brillante que la bahéret
  • Se describe como blanca como la lana
  • Puede indicar Tzaráat si presenta señales adicionales

Es una categoría más suave, menos intensa que la bahéret.

  • ¿Qué es la mispájat?

La mispájat es una erupción leve, generalmente blanquecina, tenue y superficial.

No parece profunda ni cumple con las señales principales de Tzaráat.

Cuando el Cohen examinaba y confirmaba que era mispájat, la persona era declarada pura, sin necesidad de aislamiento.

 

Diferencias principales

  • Bahéret → blanco intenso, como la nieve.
  • Seet → blanco suave, como la lana.
  • Mispájat → apenas perceptible, superficial.

Los sacerdotes examinaban estas categorías para determinar pureza o impureza ritual.

Una condición espiritual, no médica

La Tzaráat no es una enfermedad común. La tradición la entiende como una condición espiritual con manifestación física, asociada a conductas como el lashón hará (mal hablar).

No todas las manchas eran iguales, y no todas tenían el mismo peso espiritual.

Como podemos asociarlo y aplicarlo a nuestra vida, la bahéret es intensa y visible para todos. La seet es más suave, menos evidente. La mispájat es casi imperceptible. Así también ocurre en la vida:

  • Hay errores que todos ven.
  • Otros que solo algunos notan.
  • Y otros que solo uno mismo conoce.

Pero la enseñanza es clara, todo debe ser examinado. Lo pequeño, si se ignora, crece. Lo que se atiende a tiempo, se corrige a tiempo. HaShem no solo mira lo evidente; también mira lo oculto. Por eso, el llamado no es solo a limpiar lo externo, sino a cuidar el corazón.

Que esta enseñanza nos inspire a revisar nuestras acciones, nuestras palabras y nuestros pensamientos. Que aprendamos a reconocer lo visible y también lo que permanece escondido. Y que cada uno de nosotros pueda presentarse ante HaShem con un corazón dispuesto a sanar, crecer y elevarse.

Aliya # 3

Vayikra 13:18-23

TÚ DECIDES EL CAMINO

Shalom mis hermanos, en el capítulo 13:22 leemos: “Y si se extendiera por la piel, entonces el sacerdote lo declarará impuro; es llaga.”

La Torá utiliza la palabra נגע) Negáh) para referirse a “llaga”. Esta palabra también significa afección, plaga o golpe que impacta a una persona o cosa.

Proviene de la raíz hebrea נ–ג –ע, que significa tocar, alcanzar o afectar.

Por eso, Negá describe algo que toca físicamente (como una mancha o lesión) pero también algo que afecta espiritualmente, una consecuencia interna que se manifiesta hacia afuera.

Lo hermoso es que Negáh ( נגע (tiene las mismas letras que Oneg ( ענג (que significa deleite espiritual. Con estas dos palabras, los sabios enseñan un principio profundo: las mismas letras pueden formar aflicción o deleite; todo depende del orden interior.

Negá y el Bet Hakneset (Casa de Oración)

Los sabios enseñan que el Bet Hakneset es un “Mikdash Me’at”, un pequeño santuario, basado en Ezequiel 11:16. Es un lugar donde la presencia divina puede reposar… o donde puede aparecer Negá si se usa de manera incorrecta.

El Bet Hakneset como un cuchillo de doble filo

La Casa de Oración puede ser:

  • fuente de vida, bendición y cercanía a HaShem, o un lugar donde surge Negá, una afección espiritual.

¿De qué depende? De cómo lo usamos.

¿Cómo aparece el Negá en el Bet Hakneset?

Cuando un lugar santo se usa sin respeto, lo espiritual se invierte:

  • hablar durante la Tefilá,
  • hacer lashón hará dentro del templo,
  • entrar sin intención,
  • rezar por costumbre y no con el corazón,
  • perder la conciencia de que estamos en un espacio sagrado.

Entonces, lo que debía ser Oneg (deleite espiritual, se transforma en Negá)

afección.

Los sabios explican que:

  • cuando HaShem está en el centro, todo se ordena en Oneg,
  • cuando lo espiritual se desplaza, aparece Negá.

Transformar el espacio depende de ti

Cuando entramos al Bet Hakneset debemos hacerlo con intención pura:

  • cuidar nuestras palabras,
  • respetar el lugar,
  • recordar que es un pequeño Santuario,
  • comportarnos como si estuviéramos en el Bet HaMikdash.

Entonces el espacio se convierte en un lugar donde la Presencia Divina puede reposar. El mismo lugar puede ser herida o santidad, Negá o Oneg, distancia o cercanía.

La diferencia no está en las paredes, sino en cómo entramos y cómo hablamos dentro de él.

Aliya #4

Vayikra 13:24-28

NO JUZGAR POR LO QUE VEMOS

Hoy quiero compartir una reflexión basada en Levítico 13:24- 28, donde la Torá presenta el caso de una quemadura que, después de sanar, muestra una mancha que debe ser examinada por el Cohen. A diferencia de otros ejemplos, aquí la Torá nos muestra una situación cuyo origen es completamente conocido: la piel fue afectada por el fuego. El Jumash explica que, aunque la causa inicial es evidente, el Cohen no puede asumir que todo lo que aparece después es consecuencia natural de la quemadura.

Rashi enseña que el Cohen no se deja llevar por la historia previa de la piel, sino por lo que observa en el presente. El Sifra recuerda que debe evaluar si la marca tiene señales que indiquen un proceso distinto al de una quemadura común.

Ramban añade que la Torá nos enseña a no dar por sentado que entendemos completamente una situación solo porque conocemos su origen. El hecho de que algo haya comenzado de una manera no significa que todo lo que aparece después tenga la misma raíz.

Esta porción nos invita a mirar un aspecto muy humano: la tendencia a sacar conclusiones rápidas. Muchas veces creemos que entendemos una situación porque sabemos cómo empezó. Pero la Torá nos muestra que no es así. El Cohen no dice: “Como esto empezó con fuego, ya sé lo que es”. Tampoco dice:

“Como se ve extraño, debe ser impureza”. Él observa sin prejuicios, evalúa lo que está frente a él, no lo que cree que debería estar.

En el Brit Hadashá encontramos un principio muy similar cuando nuestro maestro Yeshúa enseña que no se puede juzgar “según las apariencias”, sino con un juicio justo. Esta enseñanza no es una frase aislada; es una corrección directa a la costumbre humana de creer que lo visible es suficiente para comprender. El confronta esa manera superficial de mirar porque sabe que la apariencia inicial rara vez revela la verdad completa. En varias ocasiones el maestro sorprende a quienes lo rodean porque actúa de una forma que rompe sus expectativas. La gente creía saber quién era alguien por su procedencia, por su familia, por su oficio o por su reputación. Para muchos, si ya conocían “de dónde venía” una persona, creían que ya sabían todo lo necesario. Pero el maestro muestra que conocer el origen no es suficiente para comprender la realidad presente.

Él se acerca a personas que otros ya habían catalogado. Mientras algunos veían a alguien marcado por su entorno, Él veía disposición. Mientras otros veían un pasado, Él veía un presente, y esto desconcertaba a quienes lo observaban, porque estaban acostumbrados a juzgar por lo visible, por lo inmediato, por lo que parecía lógico. Yeshúa les enseña que la verdadera comprensión requiere mirar más allá de lo evidente, igual que el Cohen debe mirar más allá de la quemadura inicial.

El Cohen no se deja llevar por la explicación fácil; Yeshúa tampoco se deja llevar por la etiqueta social. Ambos miran lo que está ocurriendo ahora, no lo que se supone que debería ocurrir.

Yeshúa también enseña este principio cuando habla de la levadura. Él explica que un pequeño elemento puede transformar toda la masa, y que no basta con saber de dónde vino la masa original; hay que observar qué está actuando dentro de ella en el presente. Es la misma lógica de Levítico: no importa cómo empezó la piel, importa qué está operando en ella ahora. No importa cómo comenzó la historia, importa qué está creciendo dentro de ella hoy.

Esta porción nos invita a vivir con una mirada más limpia, más justa y profunda.

Nos enseña a no asumir que entendemos una situación solo porque conocemos su origen. Nos recuerda que incluso cuando algo parece tener una explicación obvia, merece ser observado con atención. Y nos muestra que el juicio apresurado no es sabiduría, sino una forma de ceguera. Así como el Cohen no se deja llevar por la historia de la quemadura, nosotros tampoco debemos dejarnos llevar por lo que creemos saber, sino por lo que realmente está ocurriendo.

Que esta enseñanza nos ayude a mirar cada situación con ojos nuevos, sin suposiciones, sin conclusiones rápidas y sin arrastrar ideas que no corresponden. Que aprendamos a evaluar lo que está frente a nosotros con claridad, con paciencia y con justicia. Y que podamos reconocer que la verdadera comprensión no nace de lo que creemos saber, sino de lo que estamos dispuestos a ver con honestidad.

Shalom u’brajá. Que la paz y la bendición acompañen tu camino hoy.

Aliya #5

Vayikra 13:29-39

MÁS ALLA DE UNA MANCHA

Hoy vamos a estudiar dos tipos de afecciones mencionadas en la Torah: el Nétek y el Bóhak, descritos en Vayikrá 13:29 y 13:38.

El texto nos dice que, si un hombre o una mujer presentan una llaga en el cuero cabelludo o en la barba, el Cohén debe observarla. Si la llaga se ve más profunda que la piel y dentro de ella hay cabello amarillento y débil, la persona es declarada impura, pues se trata de un Nétek, una forma de Tzaráat en la cabeza o en la barba. En cambio, cuando aparecen manchas blancas claras en la piel, el Cohén también las examina, y si son opacas y superficiales, se trata de Bóhak, una afección que no implica impureza y la

persona es declarada pura.

El Nétek se refiere a una afección localizada en el cuero cabelludo o en la barba que provoca caída del cabello y cambios en su color, como volverse amarillento. Puede traducirse como tiña o caspa severa, y siempre requiere la evaluación del Cohén porque puede ser una manifestación de Tzaráat. El Bóhak, por su parte, son manchas blancas superficiales que no representan peligro espiritual ni ritual; pueden traducirse como empeine y no tienen profundidad ni señales de corrupción interna.

Estas dos condiciones nos enseñan algo profundo sobre la vida espiritual. No siempre lo que vemos por fuera revela lo que está ocurriendo en el alma. El Nétek representa la desconexión: esa ruptura interna que afecta la relación con HaShem, con los demás o con uno mismo.

 

Se manifiesta como pérdida, como algo que se desprende, igual que el cabello que cae cuando ya no está unido a su raíz. El Bóhak, en cambio, representa aquello que parece grave desde afuera, pero por dentro no tiene daño. Son manchas que pueden alarmar, pero no hay corrupción interna.

Esto nos recuerda que no todo lo que parece problema realmente lo es, y no todo lo que parece pequeño es inofensivo. Hay personas que parecen estar mal, como si tuvieran Bóhak, pero su corazón sigue limpio delante de HaShem. Y hay quienes viven con Nétek: por fuera todo parece normal, pero por dentro hay una desconexión silenciosa que nadie ve. Es mejor una mancha externa sin daño interno que una apariencia perfecta con un alma desconectada.

Si en algún momento sentimos que algo dentro de nosotros se ha roto o se ha alejado, siempre podemos volver a conectarnos a través del estudio de la Torah. Ella nos guía nuevamente hacia la Tahará, hacia la pureza, hacia esa unión profunda que tenemos con HaShem y que nunca se pierde del todo, solo espera ser restaurada.

Shalom uBrajá para todos. Que podamos mirarnos con verdad, sanar lo que debe ser sanado y caminar cada día más unidos a HaShem.

Aliya #6

Vayikra 13:40-54

DEL METZORÁ AL RETORNO

Hoy nos enfocaremos en Vayikrá / Levítico 13:45: “Todo aquel que tenga llagas de Tzaráat llevará vestiduras rasgadas, dejará su cabello suelto, cubrirá su labio superior y gritará: ¡Impuro! ¡Impuro!” Este versículo describe el estado del Metzorá, la persona afectada por Tzaráat. Revisemos cada punto con profundidad:

  1. Rasgará sus vestiduras

Los sabios explican que esta es una señal externa de duelo y humillación. El Metzorá es comparado con alguien en luto porque está separado de la comunidad. Rasgar la ropa hace visible su condición interior y lo invita a la introspección.

  1. Dejará crecer su cabello

Los sabios enseñan que esto implica un descuido deliberado de su apariencia. Mientras que una persona sana debe arreglarse, aquí se ordena lo contrario como señal de aflicción y para marcar su estado espiritual. Es un recordatorio de que algo dentro de él necesita reparación.

  1. Cubrirá la barba o el bigote

La tradición interpreta que debe cubrirse hasta los labios.

¿Por qué?

  • Para evitar que su aliento llegue a otros.
  • Como señal de vergüenza, pues la afección llegó (según la tradición) por el mal uso de la palabra.

El área que se cubre es simbólica: la boca, el lugar donde comenzó la falta.

  1. Proclamará: “¡Impuro! ¡Impuro!”

Este punto es profundamente significativo.

  • Advierte a otros para que mantengan distancia y no se impurifiquen.
  • Pero también despierta compasión, invitando a la comunidad a orar por él.

La Tzaráat no se entiende solo como una enfermedad física, sino como una consecuencia espiritual, especialmente asociada al lashón hará (la mala lengua).

Por eso, todo el proceso busca:

  • Hacer consciente a la persona de su estado.
  • Llevarla a la teshuvá (retorno).
  • Proteger y sensibilizar a la comunidad.

El que una vez gritó “¡Impuro! ¡Impuro!” para apartar a los demás, aprenderá luego a usar su voz para sanar, unir y bendecir. Porque quien reconoce su falta:

  • transforma su vergüenza en santidad,
  • su aislamiento en crecimiento,
  • y su silencio en un regreso a la vida.

Entonces de esta porción podemos aprender que la Tzaráat nos recuerda que nuestras palabras tienen poder: pueden herir o pueden restaurar. El camino del Metzorá es un llamado a revisar nuestro interior, sanar lo que crece mal y volver a la comunidad con un corazón renovado.

Que aprendamos a usar nuestra voz para construir, para unir y para traer luz donde antes hubo sombra.

Aliya # 7

Vayikra 13:55-59 Con Ayuda Del Cielo

LA PRENDA Y EL ALMA

Shalom a todos, en esta última aliya continuamos recorriendo las leyes de la Tzaráat, y llegamos a un punto que, aunque parece técnico, encierra una enseñanza

profunda para la vida.

La Torá describe el caso de una prenda afectada por una mancha que podría ser impureza. El Cohen la examina, la lava, la vuelve a revisar y determina si puede ser purificada o si debe ser destruida. A simple vista, es un procedimiento ritual; pero los sabios del Jumash enseñan que aquí se revela un principio espiritual que toca la vida cotidiana.

Ellos explican que la Tzaráat en las vestiduras no es un fenómeno natural, sino una señal que aparece en lo externo para llamar la atención sobre lo interno. La ropa representa

lo que mostramos al mundo: nuestras conductas visibles, nuestros hábitos, nuestras palabras, nuestras relaciones.

Cuando la Torá habla de una prenda que debe ser examinada, está hablando también de esos aspectos de la vida que “nos ponemos encima” y que otros pueden ver. Si la mancha permanece incluso después del lavado, la prenda debe ser quemada; si retrocede, puede ser purificada. No se trata de castigo, sino de discernimiento: saber qué puede ser restaurado y qué debe ser dejado atrás.

Los sabios explican que el Cohen no actúa como un médico, sino como un guía espiritual que ayuda a la persona a mirar

con honestidad aquello que ya no está funcionando. Hay comportamientos que pueden corregirse con tiempo, paciencia y trabajo interior, igual que la prenda que se lava una y otra vez hasta quedar limpia. Pero también hay patrones que, si persisten, deben ser cortados de raíz, porque seguir cargándolos solo contamina más.

La Torá nos enseña que no todo se repara con parches; a veces la verdadera pureza nace de la valentía de soltar lo que ya no tiene arreglo.

El Brit Hadasha insiste en que la pureza no es solo apariencia, sino un trabajo interior que se refleja en la conducta. Se enseña a no juzgar por lo que se ve a simple vista, sino a examinar con justicia, igual que el Cohen que observa la prenda más de una vez antes de decidir. También se habla de apartar aquello que causa tropiezo, no como castigo, sino como un acto de responsabilidad espiritual. Es la misma lógica de la Torá: lo que puede ser sanado, se sana; lo que destruye, se deja ir.

La enseñanza para nosotros en este Shabat es clara y a la vez profundamente humana. Todos llevamos “vestiduras” que representan nuestras acciones y nuestras formas de

relacionarnos. A veces descubrimos manchas: palabras que no debimos decir, actitudes que nos alejan de quienes amamos, hábitos que nos desgastan. La Torá no nos pide

escondernos ni fingir que todo está bien; nos invita a examinar, a lavar, a revisar de nuevo. Y si algo no cambia, nos llama a tener el coraje de soltarlo. La pureza no es perfección, es honestidad. Es la capacidad de reconocer lo que puede transformarse y lo que debe dejarse atrás para que la vida vuelva a fluir.

Que este Shabat nos encuentre con un corazón dispuesto a revisar nuestras “vestiduras”, a limpiar lo que puede limpiarse y a liberar lo que ya no sirve. Que aprendamos a caminar con ligereza, con claridad y con la serenidad de quienes saben que cada proceso de purificación es, en realidad, un regreso a la vida.

Parashá N° 29 Ajarei Mot *

Aliya 1

Aliya # 1

 

Aliya # 2

 

Aliya # 3

 

Aliya #4

 

Aliya #5

 

Aliya #6

 

Aliya # 7

 

Parashá N° 30 Kedoshim – Sed Santos

Aliya 1

Aliya # 1

Vayikra 12:1-13:5

ENTRE LÁGRIMAS Y SANTIDAD

Shalom mis hermanos, después de tratar las leyes de tumá que surgen al tocar animales muertos, la Torá aborda la tumá (estado de impureza ritual) derivada del ser humano. El primer caso que analiza es el de una mujer que da a luz,porque representa el inicio de la vida y, por lo tanto, el comienzo de los procesos de tumá.

La Torá enseña que:

  • Por el nacimiento de un varón, la mujer atraviesa 7 días de Tumá y 33

días de Tahará (pureza ritual ̈).

  • Por el nacimiento de una niña, atraviesa 14 días de Tumá y 66 días de Tahará.

Los sabios explican varias razones profundas para esta diferencia:

  1. Mayor potencial de vida

El nacimiento de una niña implica que, en el futuro, ella también podrá dar vida. Por eso se considera que existe un “doble potencial de vida”, lo que se refleja en un proceso espiritual más largo.

  1. Intensidad espiritual del cuerpo

Algunos comentaristas enseñan que el cuerpo de la mujer pasa por un proceso más profundo de restauración cuando nace una niña, y esto se manifiestaen el doble tiempo de tahará.

  1. No es superioridad, sino función

No se trata de que uno sea mejor que otro, sino que cada nacimiento tiene un rol espiritual distinto dentro del plan de HaShem.

4 Complejidad de la creación femenina

El Midrash señala que la creación de la mujer, a partir de Adán, implicó un proceso más complejo. Ese eco espiritual también se refleja en su nacimiento.

Las ofrendas que ofrecía la mujer después del parto

La mujer que daba a luz debía traer:

  • Un cordero como Ofrenda de Elevación (Olá).
  • Una paloma o tórtola como Ofrenda por el Pecado (Jatat).

Si no tenía recursos, podía traer dos aves: una como Olá y otra como Jatat.

Los sabios aclaran algo esencial, la Jatat no es porque la mujer haya pecado al dar a luz. Durante el dolor del parto, la mujer puede llegar a pensar o decir en su corazón: “No volveré a estar con mi esposo”. Cuando el dolor pasa, ese pensamiento desaparece. La ofrenda, entonces, no apunta a culpa moral, sino a restaurar y elevar el corazón después de una experiencia emocional intensa.

  • El Jatat sana el aspecto emocional y,
  • El Olá eleva el alma y la acerca nuevamente a HaShem.

Estas ofrendas no son castigos, sino puentes de restauración espiritual.

Tumá y Tahará: no oscuridad, sino transición

Cuando una mujer da a luz, entra en días de tumá y luego en días de tahará. No porque haya algo malo en ella, sino porque ha tocado uno de los misterios más grandes de la creación: traer vida al mundo.

  • La Tumá es transición: el cuerpo y el alma reajustándose después de ser un

canal de vida.

  • La Tahará es renovación: un retorno a la armonía, una elevación después del

milagro.

¿Por qué más tiempo al nacer una niña? Porque en ese nacimiento hay un eco más

profundo: vida que dará vida, un ciclo dentro de otro ciclo, una semilla de

generaciones.

Después del nacimiento, HaShem no deja a la mujer sola en su fragilidad.

Las ofrendas son como un susurro divino: “Yo vi tu dolor. Yo entendí tus momentos de debilidad. Ahora ven, acércate otra vez a Mí.”

El Olá es el alma que vuelve a elevarse. El Jatat es el corazón que se sana.

Así, incluso en los momentos más intensos y vulnerables, HaShem prepara un camino de regreso lleno de luz. Porque después del dolor viene la vida, después de la tumá llega la tahará, y después de dar vida, surge una nueva cercanía con el Creador.

Aliya # 2

Vayikra 13:6-17

NO TODO LO QUE ES BLANCO Y BRILLA ES PURO

Que estas palabras lleguen con luz y entendimiento a cada uno de ustedes.

Esta segunda Aliyá habla sobre la bahéret, la seet y la mispájat, donde se explican las leyes de las afecciones de la piel conocidas como Tzaráat.

  • ¿Qué es la bahéret?

La bahéret es una mancha blanca brillante en la piel. Es la más intensa y clara de todas las manchas. Su color se describe como “blanco como la nieve”. Puede ser señal de Tzaráat cuando cumple ciertos criterios:

  • profundidad
  • vello blanco
  • expansión
  • cambios visibles
  • ¿Qué es la seet?

La seet también es una mancha blanca, pero:

  • Es menos brillante que la bahéret
  • Se describe como blanca como la lana
  • Puede indicar Tzaráat si presenta señales adicionales

Es una categoría más suave, menos intensa que la bahéret.

  • ¿Qué es la mispájat?

La mispájat es una erupción leve, generalmente blanquecina, tenue y superficial.

No parece profunda ni cumple con las señales principales de Tzaráat.

Cuando el Cohen examinaba y confirmaba que era mispájat, la persona era declarada pura, sin necesidad de aislamiento.

 

Diferencias principales

  • Bahéret → blanco intenso, como la nieve.
  • Seet → blanco suave, como la lana.
  • Mispájat → apenas perceptible, superficial.

Los sacerdotes examinaban estas categorías para determinar pureza o impureza ritual.

Una condición espiritual, no médica

La Tzaráat no es una enfermedad común. La tradición la entiende como una condición espiritual con manifestación física, asociada a conductas como el lashón hará (mal hablar).

No todas las manchas eran iguales, y no todas tenían el mismo peso espiritual.

Como podemos asociarlo y aplicarlo a nuestra vida, la bahéret es intensa y visible para todos. La seet es más suave, menos evidente. La mispájat es casi imperceptible. Así también ocurre en la vida:

  • Hay errores que todos ven.
  • Otros que solo algunos notan.
  • Y otros que solo uno mismo conoce.

Pero la enseñanza es clara, todo debe ser examinado. Lo pequeño, si se ignora, crece. Lo que se atiende a tiempo, se corrige a tiempo. HaShem no solo mira lo evidente; también mira lo oculto. Por eso, el llamado no es solo a limpiar lo externo, sino a cuidar el corazón.

Que esta enseñanza nos inspire a revisar nuestras acciones, nuestras palabras y nuestros pensamientos. Que aprendamos a reconocer lo visible y también lo que permanece escondido. Y que cada uno de nosotros pueda presentarse ante HaShem con un corazón dispuesto a sanar, crecer y elevarse.

Aliya # 3

Vayikra 13:18-23

TÚ DECIDES EL CAMINO

Shalom mis hermanos, en el capítulo 13:22 leemos: “Y si se extendiera por la piel, entonces el sacerdote lo declarará impuro; es llaga.”

La Torá utiliza la palabra נגע) Negáh) para referirse a “llaga”. Esta palabra también significa afección, plaga o golpe que impacta a una persona o cosa.

Proviene de la raíz hebrea נ–ג –ע, que significa tocar, alcanzar o afectar.

Por eso, Negá describe algo que toca físicamente (como una mancha o lesión) pero también algo que afecta espiritualmente, una consecuencia interna que se manifiesta hacia afuera.

Lo hermoso es que Negáh ( נגע (tiene las mismas letras que Oneg ( ענג (que significa deleite espiritual. Con estas dos palabras, los sabios enseñan un principio profundo: las mismas letras pueden formar aflicción o deleite; todo depende del orden interior.

Negá y el Bet Hakneset (Casa de Oración)

Los sabios enseñan que el Bet Hakneset es un “Mikdash Me’at”, un pequeño santuario, basado en Ezequiel 11:16. Es un lugar donde la presencia divina puede reposar… o donde puede aparecer Negá si se usa de manera incorrecta.

El Bet Hakneset como un cuchillo de doble filo

La Casa de Oración puede ser:

  • fuente de vida, bendición y cercanía a HaShem, o un lugar donde surge Negá, una afección espiritual.

¿De qué depende? De cómo lo usamos.

¿Cómo aparece el Negá en el Bet Hakneset?

Cuando un lugar santo se usa sin respeto, lo espiritual se invierte:

  • hablar durante la Tefilá,
  • hacer lashón hará dentro del templo,
  • entrar sin intención,
  • rezar por costumbre y no con el corazón,
  • perder la conciencia de que estamos en un espacio sagrado.

Entonces, lo que debía ser Oneg (deleite espiritual, se transforma en Negá)

afección.

Los sabios explican que:

  • cuando HaShem está en el centro, todo se ordena en Oneg,
  • cuando lo espiritual se desplaza, aparece Negá.

Transformar el espacio depende de ti

Cuando entramos al Bet Hakneset debemos hacerlo con intención pura:

  • cuidar nuestras palabras,
  • respetar el lugar,
  • recordar que es un pequeño Santuario,
  • comportarnos como si estuviéramos en el Bet HaMikdash.

Entonces el espacio se convierte en un lugar donde la Presencia Divina puede reposar. El mismo lugar puede ser herida o santidad, Negá o Oneg, distancia o cercanía.

La diferencia no está en las paredes, sino en cómo entramos y cómo hablamos dentro de él.

Aliya #4

Vayikra 13:24-28

NO JUZGAR POR LO QUE VEMOS

Hoy quiero compartir una reflexión basada en Levítico 13:24- 28, donde la Torá presenta el caso de una quemadura que, después de sanar, muestra una mancha que debe ser examinada por el Cohen. A diferencia de otros ejemplos, aquí la Torá nos muestra una situación cuyo origen es completamente conocido: la piel fue afectada por el fuego. El Jumash explica que, aunque la causa inicial es evidente, el Cohen no puede asumir que todo lo que aparece después es consecuencia natural de la quemadura.

Rashi enseña que el Cohen no se deja llevar por la historia previa de la piel, sino por lo que observa en el presente. El Sifra recuerda que debe evaluar si la marca tiene señales que indiquen un proceso distinto al de una quemadura común.

Ramban añade que la Torá nos enseña a no dar por sentado que entendemos completamente una situación solo porque conocemos su origen. El hecho de que algo haya comenzado de una manera no significa que todo lo que aparece después tenga la misma raíz.

Esta porción nos invita a mirar un aspecto muy humano: la tendencia a sacar conclusiones rápidas. Muchas veces creemos que entendemos una situación porque sabemos cómo empezó. Pero la Torá nos muestra que no es así. El Cohen no dice: “Como esto empezó con fuego, ya sé lo que es”. Tampoco dice:

“Como se ve extraño, debe ser impureza”. Él observa sin prejuicios, evalúa lo que está frente a él, no lo que cree que debería estar.

En el Brit Hadashá encontramos un principio muy similar cuando nuestro maestro Yeshúa enseña que no se puede juzgar “según las apariencias”, sino con un juicio justo. Esta enseñanza no es una frase aislada; es una corrección directa a la costumbre humana de creer que lo visible es suficiente para comprender. El confronta esa manera superficial de mirar porque sabe que la apariencia inicial rara vez revela la verdad completa. En varias ocasiones el maestro sorprende a quienes lo rodean porque actúa de una forma que rompe sus expectativas. La gente creía saber quién era alguien por su procedencia, por su familia, por su oficio o por su reputación. Para muchos, si ya conocían “de dónde venía” una persona, creían que ya sabían todo lo necesario. Pero el maestro muestra que conocer el origen no es suficiente para comprender la realidad presente.

Él se acerca a personas que otros ya habían catalogado. Mientras algunos veían a alguien marcado por su entorno, Él veía disposición. Mientras otros veían un pasado, Él veía un presente, y esto desconcertaba a quienes lo observaban, porque estaban acostumbrados a juzgar por lo visible, por lo inmediato, por lo que parecía lógico. Yeshúa les enseña que la verdadera comprensión requiere mirar más allá de lo evidente, igual que el Cohen debe mirar más allá de la quemadura inicial.

El Cohen no se deja llevar por la explicación fácil; Yeshúa tampoco se deja llevar por la etiqueta social. Ambos miran lo que está ocurriendo ahora, no lo que se supone que debería ocurrir.

Yeshúa también enseña este principio cuando habla de la levadura. Él explica que un pequeño elemento puede transformar toda la masa, y que no basta con saber de dónde vino la masa original; hay que observar qué está actuando dentro de ella en el presente. Es la misma lógica de Levítico: no importa cómo empezó la piel, importa qué está operando en ella ahora. No importa cómo comenzó la historia, importa qué está creciendo dentro de ella hoy.

Esta porción nos invita a vivir con una mirada más limpia, más justa y profunda.

Nos enseña a no asumir que entendemos una situación solo porque conocemos su origen. Nos recuerda que incluso cuando algo parece tener una explicación obvia, merece ser observado con atención. Y nos muestra que el juicio apresurado no es sabiduría, sino una forma de ceguera. Así como el Cohen no se deja llevar por la historia de la quemadura, nosotros tampoco debemos dejarnos llevar por lo que creemos saber, sino por lo que realmente está ocurriendo.

Que esta enseñanza nos ayude a mirar cada situación con ojos nuevos, sin suposiciones, sin conclusiones rápidas y sin arrastrar ideas que no corresponden. Que aprendamos a evaluar lo que está frente a nosotros con claridad, con paciencia y con justicia. Y que podamos reconocer que la verdadera comprensión no nace de lo que creemos saber, sino de lo que estamos dispuestos a ver con honestidad.

Shalom u’brajá. Que la paz y la bendición acompañen tu camino hoy.

Aliya #5

Vayikra 13:29-39

MÁS ALLA DE UNA MANCHA

Hoy vamos a estudiar dos tipos de afecciones mencionadas en la Torah: el Nétek y el Bóhak, descritos en Vayikrá 13:29 y 13:38.

El texto nos dice que, si un hombre o una mujer presentan una llaga en el cuero cabelludo o en la barba, el Cohén debe observarla. Si la llaga se ve más profunda que la piel y dentro de ella hay cabello amarillento y débil, la persona es declarada impura, pues se trata de un Nétek, una forma de Tzaráat en la cabeza o en la barba. En cambio, cuando aparecen manchas blancas claras en la piel, el Cohén también las examina, y si son opacas y superficiales, se trata de Bóhak, una afección que no implica impureza y la

persona es declarada pura.

El Nétek se refiere a una afección localizada en el cuero cabelludo o en la barba que provoca caída del cabello y cambios en su color, como volverse amarillento. Puede traducirse como tiña o caspa severa, y siempre requiere la evaluación del Cohén porque puede ser una manifestación de Tzaráat. El Bóhak, por su parte, son manchas blancas superficiales que no representan peligro espiritual ni ritual; pueden traducirse como empeine y no tienen profundidad ni señales de corrupción interna.

Estas dos condiciones nos enseñan algo profundo sobre la vida espiritual. No siempre lo que vemos por fuera revela lo que está ocurriendo en el alma. El Nétek representa la desconexión: esa ruptura interna que afecta la relación con HaShem, con los demás o con uno mismo.

 

Se manifiesta como pérdida, como algo que se desprende, igual que el cabello que cae cuando ya no está unido a su raíz. El Bóhak, en cambio, representa aquello que parece grave desde afuera, pero por dentro no tiene daño. Son manchas que pueden alarmar, pero no hay corrupción interna.

Esto nos recuerda que no todo lo que parece problema realmente lo es, y no todo lo que parece pequeño es inofensivo. Hay personas que parecen estar mal, como si tuvieran Bóhak, pero su corazón sigue limpio delante de HaShem. Y hay quienes viven con Nétek: por fuera todo parece normal, pero por dentro hay una desconexión silenciosa que nadie ve. Es mejor una mancha externa sin daño interno que una apariencia perfecta con un alma desconectada.

Si en algún momento sentimos que algo dentro de nosotros se ha roto o se ha alejado, siempre podemos volver a conectarnos a través del estudio de la Torah. Ella nos guía nuevamente hacia la Tahará, hacia la pureza, hacia esa unión profunda que tenemos con HaShem y que nunca se pierde del todo, solo espera ser restaurada.

Shalom uBrajá para todos. Que podamos mirarnos con verdad, sanar lo que debe ser sanado y caminar cada día más unidos a HaShem.

Aliya #6

Vayikra 13:40-54

DEL METZORÁ AL RETORNO

Hoy nos enfocaremos en Vayikrá / Levítico 13:45: “Todo aquel que tenga llagas de Tzaráat llevará vestiduras rasgadas, dejará su cabello suelto, cubrirá su labio superior y gritará: ¡Impuro! ¡Impuro!” Este versículo describe el estado del Metzorá, la persona afectada por Tzaráat. Revisemos cada punto con profundidad:

  1. Rasgará sus vestiduras

Los sabios explican que esta es una señal externa de duelo y humillación. El Metzorá es comparado con alguien en luto porque está separado de la comunidad. Rasgar la ropa hace visible su condición interior y lo invita a la introspección.

  1. Dejará crecer su cabello

Los sabios enseñan que esto implica un descuido deliberado de su apariencia. Mientras que una persona sana debe arreglarse, aquí se ordena lo contrario como señal de aflicción y para marcar su estado espiritual. Es un recordatorio de que algo dentro de él necesita reparación.

  1. Cubrirá la barba o el bigote

La tradición interpreta que debe cubrirse hasta los labios.

¿Por qué?

  • Para evitar que su aliento llegue a otros.
  • Como señal de vergüenza, pues la afección llegó (según la tradición) por el mal uso de la palabra.

El área que se cubre es simbólica: la boca, el lugar donde comenzó la falta.

  1. Proclamará: “¡Impuro! ¡Impuro!”

Este punto es profundamente significativo.

  • Advierte a otros para que mantengan distancia y no se impurifiquen.
  • Pero también despierta compasión, invitando a la comunidad a orar por él.

La Tzaráat no se entiende solo como una enfermedad física, sino como una consecuencia espiritual, especialmente asociada al lashón hará (la mala lengua).

Por eso, todo el proceso busca:

  • Hacer consciente a la persona de su estado.
  • Llevarla a la teshuvá (retorno).
  • Proteger y sensibilizar a la comunidad.

El que una vez gritó “¡Impuro! ¡Impuro!” para apartar a los demás, aprenderá luego a usar su voz para sanar, unir y bendecir. Porque quien reconoce su falta:

  • transforma su vergüenza en santidad,
  • su aislamiento en crecimiento,
  • y su silencio en un regreso a la vida.

Entonces de esta porción podemos aprender que la Tzaráat nos recuerda que nuestras palabras tienen poder: pueden herir o pueden restaurar. El camino del Metzorá es un llamado a revisar nuestro interior, sanar lo que crece mal y volver a la comunidad con un corazón renovado.

Que aprendamos a usar nuestra voz para construir, para unir y para traer luz donde antes hubo sombra.

Aliya # 7

Vayikra 13:55-59 Con Ayuda Del Cielo

LA PRENDA Y EL ALMA

Shalom a todos, en esta última aliya continuamos recorriendo las leyes de la Tzaráat, y llegamos a un punto que, aunque parece técnico, encierra una enseñanza

profunda para la vida.

La Torá describe el caso de una prenda afectada por una mancha que podría ser impureza. El Cohen la examina, la lava, la vuelve a revisar y determina si puede ser purificada o si debe ser destruida. A simple vista, es un procedimiento ritual; pero los sabios del Jumash enseñan que aquí se revela un principio espiritual que toca la vida cotidiana.

Ellos explican que la Tzaráat en las vestiduras no es un fenómeno natural, sino una señal que aparece en lo externo para llamar la atención sobre lo interno. La ropa representa

lo que mostramos al mundo: nuestras conductas visibles, nuestros hábitos, nuestras palabras, nuestras relaciones.

Cuando la Torá habla de una prenda que debe ser examinada, está hablando también de esos aspectos de la vida que “nos ponemos encima” y que otros pueden ver. Si la mancha permanece incluso después del lavado, la prenda debe ser quemada; si retrocede, puede ser purificada. No se trata de castigo, sino de discernimiento: saber qué puede ser restaurado y qué debe ser dejado atrás.

Los sabios explican que el Cohen no actúa como un médico, sino como un guía espiritual que ayuda a la persona a mirar

con honestidad aquello que ya no está funcionando. Hay comportamientos que pueden corregirse con tiempo, paciencia y trabajo interior, igual que la prenda que se lava una y otra vez hasta quedar limpia. Pero también hay patrones que, si persisten, deben ser cortados de raíz, porque seguir cargándolos solo contamina más.

La Torá nos enseña que no todo se repara con parches; a veces la verdadera pureza nace de la valentía de soltar lo que ya no tiene arreglo.

El Brit Hadasha insiste en que la pureza no es solo apariencia, sino un trabajo interior que se refleja en la conducta. Se enseña a no juzgar por lo que se ve a simple vista, sino a examinar con justicia, igual que el Cohen que observa la prenda más de una vez antes de decidir. También se habla de apartar aquello que causa tropiezo, no como castigo, sino como un acto de responsabilidad espiritual. Es la misma lógica de la Torá: lo que puede ser sanado, se sana; lo que destruye, se deja ir.

La enseñanza para nosotros en este Shabat es clara y a la vez profundamente humana. Todos llevamos “vestiduras” que representan nuestras acciones y nuestras formas de

relacionarnos. A veces descubrimos manchas: palabras que no debimos decir, actitudes que nos alejan de quienes amamos, hábitos que nos desgastan. La Torá no nos pide

escondernos ni fingir que todo está bien; nos invita a examinar, a lavar, a revisar de nuevo. Y si algo no cambia, nos llama a tener el coraje de soltarlo. La pureza no es perfección, es honestidad. Es la capacidad de reconocer lo que puede transformarse y lo que debe dejarse atrás para que la vida vuelva a fluir.

Que este Shabat nos encuentre con un corazón dispuesto a revisar nuestras “vestiduras”, a limpiar lo que puede limpiarse y a liberar lo que ya no sirve. Que aprendamos a caminar con ligereza, con claridad y con la serenidad de quienes saben que cada proceso de purificación es, en realidad, un regreso a la vida.

Parashá N° 31 Emor – Habla

Aliya 1

Aliya #1  Vayikra 21:1-15

LAS LÁGRIMAS NO DEBEN DESVIAR NUESTRO LLAMADO

Shalom mis hermanos en esta primera Aliyah, HaShem le habla a Moshé acerca de los Kohanim, los hijos de Aharón, y les establece un límite: no pueden contaminarse con la muerte, excepto en los vínculos más profundos.

HaShem no está anulando las emociones humanas; está ordenando las prioridades del alma. El Kohen representa vida, pureza y cercanía con lo divino. La muerte, en cambio, simboliza ruptura y ausencia. Por eso el sacerdote no puede mezclarse con todo dolor, pero sí con aquel que nace del amor verdadero. La Toráh incluso detalla por quiénes puede contaminarse: su madre, su padre, su hijo, su hermano o una hermana

virgen.

Esto nos enseña que hay relaciones tan sagradas que incluso el servicio más elevado no las ignora. Pero también revela algo profundo: no todo vínculo justifica perder la pureza espiritual.

La Toráh nos muestra un equilibrio:

  • Amar profundamente, sin reservas.
  • Pero no perder la esencia ni el llamado.

Podemos sentir el dolor, pero no permitir que ese dolor nos aparte de la misión que HaShem nos confió.

Quien sirve a HaShem no es alguien sin corazón; es alguien que sabe cuándo entregarse con todo el amor y cuándo mantenerse firme para que la luz que lleva dentro no se apague.

Que esta enseñanza nos recuerde que la santidad no consiste en evitar el dolor, sino en no permitir que el dolor nos desvíe del propósito, que sepamos honrar los lazos sagrados sin perder la pureza del alma, y que cada emoción, incluso las lágrimas, se conviertan en un camino que nos acerque más a Él.

Aliya # 2

Vayikra 21:16-22:16

Manos limpias y un corazón puro: más allá del defecto físico

Requisitos físicos para los sacerdotes que sirven.

Normas sobre quién puede comer de las ofrendas sagradas.

En esta sección, la Toráh establece que los Kohanim (sacerdotes) que servían en el Beit HaMikdash debían estar libres de defectos físicos visibles y encontrarse en estado de pureza ritual. Esto no era un rechazo a la persona, sino una enseñanza espiritual profunda: quien sirve delante de HaShem representa integridad, orden y santidad.

En el Brit Hadashá, la carta a los hebreos (7:26–27) presenta al Mesías como un Sumo Sacerdote perfecto, santo, inocente y sin mancha. Y en Efesios 5:27 se enseña que el propósito divino es presentar a la comunidad como una “novia sin mancha ni arruga”, es decir, espiritualmente pura. Aquí vemos un cambio de énfasis: del estado físico al estado del corazón. La pureza que HaShem demanda es interna, no solo externa.

El Talmud (Zevajim 98a, Bekhorot 43a) explica que los defectos físicos descalificaban para el servicio en el altar, pero no disminuían el valor de la persona ante HaShem. La dignidad humana no depende de la apariencia ni de las limitaciones corporales.

Esta idea está en armonía con 1 Samuel 16:7: “El hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero HaShem mira el corazón.” Así, aunque el servicio sacerdotal requería condiciones físicas específicas, la aceptación divina siempre ha dependido del interior.

La Toráh nos muestra el estándar: servir a HaShem con pureza y sin defecto. El Brit Hadashá revela que la verdadera perfección que Él busca es la de un corazón transformado. El Talmud nos recuerda que tu valor no está determinado por tus limitaciones externas.

No necesitas un cuerpo perfecto ni una vida sin errores para acercarte a HaShem. Pero si hay un llamado profundo, entonces sí: debemos limpiar el corazón, sanar el interior y caminar en santidad real.

Porque al final, HaShem no está buscando cuerpos sin defecto, está buscando corazones rendidos.

 

Así como el sacerdote debía cuidarse para servir en el Templo, hoy tú eres un templo viviente.

No se trata de lo que otros ven en ti, sino de lo que HaShem ve cuando mira dentro de ti.

Cuando el corazón se purifica, la Presencia Divina encuentra un lugar donde habitar.

Aliya # 3

Vayikra 22:17-33

CUANDO MIS ACCIONES HABLAN MÁS QUE MI CONOCIMIENTO

Shalom mis hermanos, en esta sección de la Torá se establecen las condiciones para los sacrificios aceptables, la prohibición de profanar el Nombre de HaShem y el llamado a la santidad del pueblo.

Vayikra 22:32–33 “No profanarán el Nombre de Mi Santidad, y seré santificado entre los Hijos de Israel; Yo Soy HaShem, que los santifica, que los sacó de la tierra de Egipto para ser un Eloha para ustedes; Yo Soy HaShem.”

Este mandamiento es conocido en la tradición judía como:

  • Kidush HaShem — Santificar el Nombre.
  • Jilul HaShem — Profanar el Nombre.

No se trata solo de evitar hablar mal del Creador; va mucho más allá.

Aporte del Libro Ben Torah

Debemos ser extremadamente cuidadosos en nuestras acciones, especialmente quienes creemos en HaShem, porque miles de ojos están sobre nosotros en todo momento.

Un Talmid Jajam (o Ben Torah) es un ejemplo para otros: sus actos pueden inspirar, pero también pueden provocar Jilul HaShem, incluso sin intención.

Por eso es tan importante cuidar nuestro comportamiento, pues muchos están atentos para criticar o señalar cualquier error.El Rambam enseña que no hay perdón completo por el pecado de Jilul HaShem sino hasta la muerte, resaltando la gravedad de este acto.

Ejemplos claros

  • No es correcto colarse en una fila sin esperar como todos. Esto provoca Jilul HaShem.
  • Está prohibido mentir para obtener descuentos, como falsear la edad de los hijos. Además de mentir, se incurre en Jilul HaShem.
  • No es correcto hablar con soberbia o presunción, creyendo que somos más importantes que los demás. Esto también provoca Jilul HaShem.

¿Hay reparación? Sí: Kidush HaShem

Aunque Jilul HaShem es una falta gravísima, existe un camino para corregirlo:

¡Hacer Kidush HaShem!

Es decir, vivir de tal manera que otros digan:

“Yo quiero ser como ese hombre o esa mujer.”

Eso es santificar el Nombre.

Profanar y Santificar el Nombre

Profanar el Nombre

Es vivir de manera injusta, hipócrita o corrupta mientras se afirma servir al Creador.

Es usar lo santo para intereses personales.

Es hacer que otros pierdan el respeto por el Eterno.

Santificar el Nombre

Es vivir con integridad, justicia y temor a HaShem.

Es reflejar Su carácter en lo cotidiano.

Es hacer que otros glorifiquen a HaShem al ver nuestra conducta.

Los sabios enseñan que una persona puede santificar o profanar

el Nombre incluso en cosas pequeñas:

cómo trata a los demás, cómo hace negocios, cómo habla, cómo responde.

Testimonio en la Brit HaDashá

El Nuevo Testamento enseña lo mismo:

  • “Que su comportamiento haga que otros glorifiquen a HaShem.” (Mateo 5:16)
  • “El Nombre de HaShem es blasfemado entre los gentiles por

causa de ustedes.” (Romanos 2:24)

 

No se trata solo de lo que decimos, sino de lo que representamos.

Somos una carta viva. Cada acción habla de nosotros: en casa, en el trabajo, en la calle

e incluso en lo secreto.

Podemos levantar el Nombre de HaShem con nuestra vida, o arrastrarlo por el suelo con incoherencia.

Santificar el Nombre no siempre significa morir por el Eterno.

A veces es más difícil:

vivir cada día como alguien que realmente le pertenece.

Que cada paso, palabra y decisión nuestra sea un recordatorio vivo de Aquel a quien servimos.

Que nuestra vida sea un espejo limpio donde otros puedan ver la luz de HaShem.

Y que, al observarnos, no glorifiquen a nosotros, sino al Santo que nos santifica.

Aliya # 4

Vayikra 23:1-22

MÁS ALLÁ QUE UN CALENDARIO

Shalom mis hermanos las moedim (las fiestas establecidas por HaShem) no son simples fechas en un calendario. Son encuentros sagrados que moldean el corazón y la identidad del pueblo de Israel.

En esta Aliyah aparecen: Shabat, Pésaj, Panes sin Levadura, Shavuot, y en medio de ellas, un mandamiento profundamente social:

dejar la esquina del campo (Peá) para el pobre y el extranjero.

HaShem dice: “Los tiempos designados de HaShem, que proclamarán como convocaciones santas, son Mis tiempos designados”. Y concluye cada sección con la misma firma divina:

“Yo Soy HaShem tu Elohim” y “Será estatuto perpetuo por todas tus generaciones dondequiera que habiten”. Esto nos enseña que todo está conectado. Nada es una idea aislada. Cada mandamiento sostiene la unidad del pueblo y revela el carácter del Eterno.

Shabat

El día en que el ser humano deja de crear para recordar que el mundo ya tiene un Creador.

No es solo descanso físico: es retorno del corazón a su fuente.

Shabat enseña dependencia, confianza y santidad en el tiempo.

Pésaj y los Panes sin Levadura (Matzot)

Pésaj recuerda la salida de Egipto, la liberación de la esclavitud.

La matzá representa humildad, pureza, dejar atrás el orgullo (la “levadura”/ del ego).

Es un llamado a salir no solo del Egipto físico, sino de nuestras propias cadenas internas.

Shavuot

Marca la entrega de la Torá.

No basta con ser libres: hay que saber para qué somos libres.

Shavuot revela el propósito: vivir guiados por la voluntad de HaShem, con dirección y santidad.

Peá: Dejar la esquina del campo para el pobre y el extranjero

En medio de las fiestas, HaShem inserta un mandamiento social.

Como si dijera: “No olvides al necesitado. Tu cosecha no es solo tuya.”

La verdadera espiritualidad se mide en cómo tratamos al vulnerable.

El hilo que une todas las enseñanzas

  • Shabat enseña a confiar.
  • Pésaj enseña a salir de lo que nos esclaviza.
  • Shavuot enseña a vivir con propósito.
  • Peá enseña a compartir ese propósito con otros.

No podemos decir que amamos a HaShem si ignoramos al necesitado.

No podemos celebrar libertad mientras otros siguen atrapados en hambre o soledad.

  • La Torá, semana tras semana, nos dice:
  • Detente (Shabat).
  • Sé libre y límpiate (Pésaj).
  • Recibe dirección (Shavuot).
  • Y luego da (Peá).

El Eterno no quiere solo momentos santos: quiere personas santas.

Y una persona santa no es la que más sabe, sino la que más transforma su entorno con amor, justicia y compasión.

Cuando apartamos tiempo para HaShem, Él transforma nuestro interior.

Cuando quitamos el ego, hacemos espacio para Él.

Cuando recibimos Su enseñanza, entendemos Su propósito.

Pero cuando damos al necesitado ahí, es donde realmente nos parecemos a Él.

La verdadera santidad no se queda en el calendario.

Se convierte en manos que dan, en corazones humildes y en vidas que reflejan al Eterno en la tierra.

Que cada moed nos recuerde que el tiempo es santo, pero más santo aún es el ser humano que decide vivirlo con propósito, generosidad y luz.

Aliya # 5

Vayikra 23:23-32

NO QUEDÓ ABOLIDO, SE TRANSFORMÓ PARA NOSOTROS

Shalom mis hermanos en esta Aliyah aparecen dos de los días más solemnes y trascendentes del calendario bíblico: Rosh Hashaná y Yom Kippur. Ambos están profundamente ligados al arrepentimiento, la introspección y la aflicción del alma.

No son fiestas aisladas: son un proceso espiritual que despierta, limpia y restaura al ser humano.

Rosh Hashaná

La Cabeza del Año, inicio del calendario hebreo y uno de los días más sagrados del judaísmo. Se celebra el 1 y 2 de Tishrei, séptimo mes bíblico pero primero en el cómputo civil.

Significado histórico y espiritual

  • Conmemora la creación del ser humano (Adam y Java).
  • Es el día en que HaShem juzga a toda la humanidad.
  • Marca el inicio de un nuevo ciclo espiritual.
  • Se toca el shofar, un llamado al despertar interior.
  • Se comen alimentos simbólicos como manzana con miel, deseando un año dulce.
  • Se recitan oraciones especiales como Avinu Malkeinu.

Es un día profundo ya que en Rosh Hashaná se renueva el pacto entre HaShem y Su pueblo.

El pueblo reconoce a HaShem como Rey (Maljut).

El corazón retorna: Teshuvá, volver a Él.

Se reafirma la alianza espiritual.

Cuando una persona abandona el camino de la Torá, debilita el pacto del Sinaí, donde HaShem dijo: “Yo los tomaré como Mi pueblo, y Yo seré su Elohim”,y el pueblo respondió: “Todo lo que HaShem ha dicho, haremos y obedeceremos”.

El nuevo pacto anunciado por Jeremías (31:31–33)

El profeta declara que HaShem hará un nuevo pacto con la casa de Israel y la casa de Judá.

No uno que aboliera la Torá, sino uno que la interiorizara:

  • “Pondré Mi Torá dentro de ellos”.
  • “La escribiré en su corazón”.
  • “Seré su Dios y ellos serán Mi pueblo”.

No es un pacto diferente: es el mismo pacto del Sinaí, pero ahora escrito en el corazón del que decide volver y decir nuevamente: “Haremos y obedeceremos”.

Mashíaj Yeshua no vino a invalidar la Torá; vino a darle su interpretación perfecta.

Por sus méritos, la Torá puede habitar dentro de nosotros, escrita en el corazón.

Yom Kippur

Uno de los días más sagrados de toda la Torá y del judaísmo.

Es la culminación de lo que comenzó en Rosh Hashaná.

Su esencia:

  • Era el único día en que el Kohen Gadol entraba al Lugar Santísimo.
  • Se ofrecían sacrificios por los pecados propios y los del pueblo.
  • Se tomaban dos machos cabríos: uno para HaShem y el otro como chivo expiatorio, enviado al desierto.
  • Representaba perdón, limpieza y remoción del pecado.
  • Era el día en que toda la nación era purificada espiritualmente.

La Torá ordena ayuno, humillación y examen interior.

No es un ritual vacío: es quebrantamiento del corazón.

Si en Rosh Hashaná se abre el juicio, en Yom Kippur se sella el destino.

Pero no es un juicio frío: es una oportunidad final de reconciliación.

Yom Kippur completa el proceso de Teshuvá, perdón y restauración.

Es el día en que el hombre queda limpio delante de HaShem.

El pacto del Sinaí no se repite: se restaura dentro del hombre.

La Torá que estaba en tablas, ahora se escribe en el corazón.

Y el hombre vuelve a decir, no solo con palabras sino con vida: “Haremos y escucharemos”.

Entonces podemos entender que:

Rosh Hashaná te llama.

Yom Kippur te transforma.**

Uno despierta.

El otro restaura.

Y entre ambos, el ser humano recibe una oportunidad divina: volver al Sinaí, no con los pies, sino con el corazón.

Que estas convocaciones santas no sean solo fechas en un calendario, sino puertas abiertas para regresar al Eterno. Que el sonido del shofar despierte lo que dormía, que el ayuno purifique lo que pesa, y que la Torá escrita en el corazón nos guíe a vivir con verdad, humildad y propósito.

Aliya # 6

Vayikra 23:33-44

CONFÍA EN MÍ, QUÉDATE UN POCO MÁS

TEMAS:

  • Sucot
  • Sheminí Atzeret
  • La alegría de la permanencia en la Presencia de HaShem.

Sucot: La festividad más alegre y profunda de la Torah, llega justo después de Yom kippur, como si fuera la respuesta de la alegría después del perdón.

La Toráh dice: En cabañas habitaréis 7 días, para que sepan vuestras generaciones que Yo hice habitar a los hijos de Israel en cabañas cuando lo saqué de Egipto.

Esto nos recuerda el tiempo en el cual Israel vivió en el desierto en cabañas, la dependencia total de HaShem.

No tenía seguridad material, pero tenían la presencia de HaShem.

Es una festividad bíblica del pueblo de Israel que dura 7 días.

Hoy en día se construyen cabañas en esta festividad para recordar la protección de HaShem.

A un tiempo de gozo gratitud y confianza en HaShem, reconociendo que todo lo que tenemos proviene de Él.

Sheminí Atzeret: Es el octavo día que viene justo después de Sucot.

Es como un cierre íntimo entre HaShem y el pueblo.

Después de la alegría de Sucot, este día invita a quedarse un poco más en Su Presencia, en un momento de quietud espiritual y conexión especial.

No solo celebrar, si no permanecerá HaShem.

Sucot nos enseña salir de lo seguro y confiar, habitando bajo la cobertura de HaShem con gozo y gratitud. Y luego llega Sheminí Atzeret, como ese momento íntimo donde Él nos dice: «Quédate un poco más conmigo».

No se trata solo de celebrar en la Presencia de HaShem, sino de decidir permanecer en ella, aún cuando la fiesta termina. Ahí donde el corazón realmente se transforma.

Aliya # 7

Vayikra 24:1-23

LUZ, PAN Y JUSTICIA: EL CORAZÓN QUE HASHEM BUSCA

Shalom mis hermanos en esta última Aliyah aparecen tres elementos que revelan la esencia de la vida espiritual: la luz de la Menorá, el Pan de la Proposición, y las leyes de justicia, junto con el caso del blasfemo que muestra el contraste entre la santidad y la profanación.

La Menorá ardía continuamente en el Santuario, recordando que la luz de HaShem nunca se apaga. Esto es una invitación a mantener encendida el alma incluso en medio de la oscuridad. Junto a ella estaba el Pan de la Proposición, señal de provisión constante: HaShem no solo ilumina, también sostiene y alimenta cada día. Pero en medio de esta atmósfera de santidad aparece el blasfemo, aquel que usa su boca para maldecir en vez de bendecir. Y ahí entendemos algo profundo: así como hay una luz que debe arder y un pan que debe honrarse, también hay palabras que deben guardarse. La boca puede ser altar o puede destruir lo sagrado.

Luego vienen las leyes de justicia, el principio de “ojo por ojo”, que no es venganza sino equilibrio. Enseña que cada acción tiene consecuencia y que la justicia de HaShem es recta, nunca torcida.

Nos recuerda que no podemos vivir sin responsabilidad por lo que hacemos ni por lo que decimos.

HaShem nos llama a ser como la Menorá: luz constante; como el Pan: presencia fiel; a cuidar nuestra boca como algo sagrado; y a vivir con justicia en cada paso. Porque al final, no es solo lo que creemos, sino cómo brillamos, cómo hablamos y cómo tratamos a los demás lo que revela si realmente Él habita en nosotros.

Que esta Aliyah nos enseñe a mantener la luz encendida, a honrar la provisión diaria, a cuidar nuestras palabras y a caminar en justicia.

Que nuestra vida sea un Santuario donde la luz no se apaga, el pan nunca falta y la justicia refleja el corazón del Eterno.

Parashá N°32 Behar – En el montaña

Aliya 1

Aliya #1

Vayikra 25:1-18

EL SONIDO DEL SHOFAR ES EL REGRESO A CASA

Shemita / Año Sabático

Iovel / Año del Jubileo

Shalom mis hermanos en esta porción vemos la shemita que debe guardarse en un ciclo de siete años en el cual, durante seis años, se trabaja la tierra, y en el séptimo año la tierra descansa completamente. HaShem ordena no sembrar ni cosechar de manera

comercial. No se puede explotar la tierra para ganancia; lo que crece espontáneamente es para todos: dueño, extranjero, pobre y animales. Es como si la tierra misma guardara Shabat.

En Devarim 15, la Shemita incluye algo fundamental: la cancelación de deudas (Shemittat Kesafim). Se ordena al pueblo no endurecer el corazón hacia el necesitado. Esto rompe el ciclo de pobreza estructural. Cada siete años, HaShem reinicia la economía para evitar la esclavitud financiera permanente.

La Shemita no es solo agrícola, es profundamente espiritual:

  1. Reconocer que HaShem es el dueño y que la tierra no nos pertenece realmente. Como dice Vayikrá: “La tierra es Mía; ustedes son extranjeros y residentes junto a Mí.” Es una lección de humildad.
  2. Vivir por fe. HaShem promete bendición triple en el sexto año para sostener el séptimo. Esto confronta el miedo: “Si no trabajo, ¿cómo viviré?” No vivimos solo por nuestros esfuerzos, sino por la provisión divina.

Los sabios enseñan que guardar Shemita correctamente equivale a aceptar el yugo del Reino de HaShem. No guardarla fue una de las causas del exilio. En Vayikrá 26:34-35, HaShem advierte que, si no guardan la Shemita, la tierra descansará igualmente, pero sin ellos.

Esto se ve claramente en el exilio de Babilonia, relatado en 2 Crónicas 36:20-21: “hasta que la tierra hubo gozado sus reposos, para cumplir setenta años.”

¿Por qué setenta años?

Los sabios explican que Israel no guardó la Shemita durante 490 años. Cada siete años debía haber descanso: 490 ÷ 7 = 70 años de Shemita no cumplidos.

Setenta años de exilio, uno por cada Shemita ignorada.

El Talmud enseña que el exilio no fue solo castigo, sino corrección.

La tierra es de HaShem, no del hombre. Al ignorar la Shemita, el pueblo actuó como dueño absoluto. El exilio fue una forma de recordar esa verdad: es como si HaShem dijera: “Si no reconocen que la tierra es Mía mientras viven en ella, lo aprenderán cuando estén fuera de ella.”

Iovel / Jubileo: Después de siete ciclos de Shemita (7×7=49 años), llega el año cincuenta: el Iovel. Se anuncia con el sonido del shofar en Yom Kippur.

¿Qué ocurría en el Jubileo?

  1. Los esclavos hebreos eran liberados; nadie quedaba atado permanentemente.
  2. Las tierras regresaban a su familia original; nadie perdía su herencia para siempre.
  3. La tierra no se trabajaba, igual que en la Shemita. Eran dos años seguidos de descanso (49 y 50).

Los sabios enseñan que el Jubileo solo se aplica plenamente cuando todo Israel está en su tierra. Representa el orden ideal de justicia divina: sin pobreza permanente, sin esclavitud perpetua, sin acumulación de injusticia.

Isaías 61 habla de “proclamar libertad a los cautivos, el año favorable del Señor”, y Lucas 4 retoma esta profecía cuando Yeshua declara que se cumple en Él.

Tal vez hemos vivido sin Shemita: sin descanso, cargando lo que debíamos soltar. Tal vez hemos perdido cosas en el camino: paz, dirección, fuerzas, propósito. Pero el Iovel nos recuerda algo profundo: no importa cuánto tiempo haya pasado ni cuánto se haya

desordenado, HaShem sabe cómo devolvernos a nuestro diseño original.

La Shemita nos enseña a soltar. El Iovel nos enseña que no lo hemos perdido todo.

Porque cuando soltamos en las manos correctas, HaShem se encarga de devolver lo que realmente nos pertenece.

No fuimos creados solo para trabajar y sobrevivir; fuimos creados

para descansar y pertenecer.

La Shemita es el camino. El Iovel es el destino. Y cuando aprendemos a descansar en HaShem, Él mismo nos hace volver a casa.

Aliya #2

Vayikra 25:19-28

EL DERECHO A VOLVER

Rescate de la tierra

Shalom mis hermanos, en esta sección se establece un principio profundamente espiritual: la tierra no es una simple posesión humana, sino una herencia divina. Por eso, cuando alguien la pierde por necesidad, existe el mandamiento del rescate (Gueulá), para que vuelva a su familia.

Los sabios de Israel, tanto en el Talmud como en el Midrash, enseñan varias verdades esenciales:

  • La tierra le pertenece al Eterno.
  • No somos dueños absolutos, sino administradores.
  • Perder la tierra no es solo una crisis económica, sino también espiritual.
  • El rescate es un acto de misericordia familiar.
  • El pariente cercano tiene la responsabilidad de redimir.
  • Nadie en Israel debe quedar abandonado.

El exilio personal nunca es definitivo. Así como la tierra vuelve a su dueño original en el Yovel (Jubileo), también la persona puede regresar a su estado inicial. Siempre existe una puerta de retorno.

Rashi explica que este sistema evita la desigualdad permanente:

HaShem no desea que unos acumulen todo mientras otros lo pierdan para siempre (Jumash).

A veces en la vida sentimos que “vendimos nuestra tierra”: perdimos paz, identidad o propósito. Tal vez por decisiones, por presión o por necesidad. Pero este pasaje viene a romper una mentira: nada que venga de HaShem se pierde para siempre.

El Eterno dejó una ley de rescate porque Él mismo es el mayor Redentor. No importa cuán lejos haya caído alguien, siempre existe la posibilidad de volver, de recuperar lo que parecía perdido, de restaurar lo que se había fracturado. Así como la tierra clama por volver a su dueño original, el alma también clama por regresar a su fuente.

LA DULZURA DEL MENSAJE

Puede que hayas soltado tu herencia por un momento, pero el cielo jamás soltó el derecho de devolvértela. El retorno siempre está abierto, la redención siempre es posible, y la misericordia del Eterno nunca se agota.

Shalom uBrajá, que este mensaje despierte en ti la certeza de que siempre hay un camino de vuelta.

Aliya #3 Vayikra 25:29-38

ENTRE MURALLAS Y REDENCIÓN

Shalom mis hermanos en esta aliya vemos que, el varón que vendiere una casa de habitación en una ciudad amurallada tendrá facultad de redimirla hasta el término de un año desde la venta; un año será el plazo para poder rescatarla. Si no fuese rescatada dentro de ese año entero, la casa que estuviera en la ciudad amurallada

quedará para siempre en poder de aquel que la compró y para sus descendientes; no saldrá en el Jubileo.

Pero las casas que están en los campos, que no tienen muralla, serán estimadas como terrenos del campo: podrán ser rescatadas y saldrán en el Jubileo.

¿Dónde estaban ubicadas estas ciudades amuralladas?

Las ciudades amuralladas eran centros urbanos protegidos dentro de la Tierra de Israel. Entre ellas se encontraban ciudades antiguas y estratégicas como Jerusalén, Jericó, Hebrón y otras ciudades fortificadas.

La tradición judía entendió que la Torá hablaba específicamente de ciudades que ya tenían murallas desde los días de Yehoshúa. Por eso, incluso siglos después, ciertas leyes especiales se aplicaban únicamente a ciudades consideradas “amuralladas desde tiempos antiguos”.

En contraste, las aldeas abiertas o ciudades sin murallas estaban ligadas directamente al campo, a la agricultura y a la herencia tribal de Israel.

¿Por qué las casas en ciudades amuralladas solo podían rescatarse durante un año?

Porque esas casas no eran consideradas parte esencial de la herencia agrícola que HaShem repartió entre las tribus.

La tierra agrícola tenía un valor eterno y espiritual. HaShem había dicho: “La tierra no se venderá a perpetuidad, porque Mía es la tierra.”

Las casas dentro de murallas representaban propiedad urbana, no parte del legado tribal. Por eso su rescate tenía un límite.

¿Por qué las casas fuera de ciudades amuralladas sí salían en el Jubileo?

Porque estaban conectadas al campo y a la herencia tribal.

La Torá protegía que ninguna familia israelita perdiera para siempre la porción que HaShem le había entregado.

Aunque alguien cayera en pobreza y tuviera que vender tierras, casas rurales o propiedades abiertas, todo volvía en el Jubileo.

El Jubileo era una proclamación de restauración.

Era un recordatorio de que HaShem es el verdadero dueño.

Era la garantía de que la pobreza no definiría eternamente a una familia.

Era la victoria de la misericordia sobre la acumulación permanente.

La Torá hace una diferencia entre lo que es temporal y lo que pertenece a la herencia eterna.

  • Las casas amuralladas representan lo que el ser humano construye: seguridad humana, prestigio, economía, poder, comodidad.

Todo eso puede perderse permanentemente.

  • El campo abierto, la herencia dada por El Eterno, representa lo que viene del pacto: identidad, propósito, llamado, relación con HaShem.

Eso HaShem no permite que se pierda para siempre.

Aunque Israel cayera en pobreza, el Jubileo proclamaba: “Todavía hay regreso.” “Todavía hay restauración.” “Todavía hay redención.”

Este principio también ilumina el mensaje del Nuevo Testamento: el ser humano puede perder muchas cosas en la vida, pero HaShem sigue llamándolo de regreso a su herencia.

A veces la vida nos hace “vender” partes de nosotros mismos: sueños, paz, inocencia, esperanza.

Hay pérdidas que parecen definitivas, como las casas dentro de murallas.

Pero la Torá enseña que existe una herencia más profunda, una que no nació del esfuerzo humano sino del pacto de HaShem.

Y aquello que HaShem sembró en el alma no fue creado para perderse eternamente.

El Jubileo no era solo una ley económica: era una voz celestial que declaraba que nadie nació para vivir esclavo para siempre.

Era el recordatorio de que siempre existe un camino de regreso, una puerta abierta, una redención posible.

Quizá por eso el corazón humano sigue buscando restauración: porque en lo profundo recuerda que fue creado para volver a casa.

Aliya # 4

Vayikra 25:39-26:9

SON ROTAS LAS CADENAS

Shalom mis hermanos en esta aliyah vemos al siervo judío de un judío y los milagros de las bendiciones y las maldiciones.

Cuando la Toráh habla del siervo hebreo, no lo presenta como propiedad absoluta. En Vayikrá 25:39 leemos: “Si tu hermano empobrece no lo harás servir como esclavo.”

La Toráh utiliza la figura de un siervo o trabajador endeudado, pero establece límites claros y profundamente humanos:

  • No debía ser tratado con crueldad.
  • Conservaba su dignidad como “hermano”.
  • Su servicio era temporal.
  • Debía salir libre en el año del Jubileo.

La razón principal aparece en Vayikrá 25:42: “Porque ellos son Mis siervos, a quienes saqué de la tierra de Egipto; no serán vendidos como esclavos.”

Esta es la clave: Israel pertenece a HaShem.

Por eso, ningún israelita podía convertirse en propiedad permanente de otro israelita. La memoria del Éxodo debía impedir que un hijo de Israel volviera a caer en esclavitud perpetua.

¿Por qué debía ser redimido o liberado en el Jubileo?

Redimir significa rescatar pagando el valor restante de los años de servicio.

La Toráh establece tres caminos de liberación:

  • Al cumplir seis años de servicio.
  • En el año del Jubileo.
  • Por redención de un familiar cercano.

El Jubileo tenía un profundo significado espiritual y social:

  • Restauraba familias.
  • Restauraba herencias.
  • Evitaba la pobreza perpetua.
  • Recordaba que la tierra y el pueblo pertenecen a HaShem.

Por eso, el siervo hebreo nunca quedaba perdido para siempre.

¿Por qué el esclavo no judío sí podía quedar permanentemente?

En Vayikrá 25:44–46 la Toráh permite adquirir esclavos de las naciones vecinas y heredarlos. Esto genera dificultad para el lector moderno, pero en el mundo antiguo la esclavitud era universal. La Toráh no la inventa; la limita y la humaniza.

La diferencia principal era de pacto e identidad:

  • El israelita era “hermano del pacto”.
  • El extranjero no tenía la misma relación jurídica dentro de Israel.

Aun así, la Toráh ordena:

  • No maltratar al extranjero.
  • Darle descanso en Shabat.
  • Proteger sus derechos básicos.

En Éxodo 21, por ejemplo, si un amo dañaba gravemente a un esclavo, este quedaba libre.

¿Cómo entendió esto la tradición judía?

Los sabios fueron restringiendo cada vez más la esclavitud.

El Talmud enseña: “Quien adquiere un esclavo, adquiere un amo para sí mismo.”

El amo tenía tantas obligaciones que el dominio absoluto quedaba prácticamente anulado.

Muchos rabinos entendieron estas leyes como un proceso gradual para transformar un sistema antiguo, no como una aprobación ideal.

La Toráh buscaba cambiar la mentalidad hacia el trato humano, especialmente en contraste con las naciones vecinas.

El hermano israelita que cayó en pobreza, aunque llegara a servir como siervo, no debía ser tratado como esclavo sin dignidad, porque: “Porque Mis siervos son ellos, a quienes saqué de Egipto.”

Aprendemos que:

  • Ningún hombre puede adueñarse completamente de otro.
  • El verdadero Dueño y Redentor es HaShem.
  • El Jubileo recordaba que la esclavitud no es el destino final.
  • Siempre existe esperanza, redención y regreso a la libertad.

Justo después de estas leyes, la Toráh ordena:

  • No hacer ídolos.
  • Guardar los Shabatot.
  • Reverenciar el Santuario.

No es un cambio de tema; es la continuación del mismo mensaje.

El ser humano que olvida que HaShem es su Señor termina buscando otros amos: ídolos, poder, dinero, dominio sobre otros.

Por eso la Toráh enseña:

  • No hagan ídolos, porque solo HaShem debe gobernar el corazón.
  • Guarden el Shabat, porque el descanso proclama libertad.
  • Reverencien el Santuario, porque la presencia del Eterno devuelve identidad y dignidad.

El Shabat es una proclamación semanal de libertad.

El esclavo en Egipto no descansaba; el pueblo redimido sí.

 

Cada Shabat Israel recordaba: “Ya no pertenecemos a Faraón; pertenecemos al Elohá que nos rescató.”

Yeshúa de Nazaret lleva esta enseñanza a su plenitud.

Él vino a redimir no solo cuerpos, sino corazones esclavizados por el pecado, el temor y la idolatría.

Por eso dijo: “Vengan a mí todos los trabajados y cargados, y Yo les haré descansar.”

Ese descanso es eco del Shabat, del Jubileo y de la libertad del siervo hebreo.

HaShem no quiere un pueblo esclavizado, sino un pueblo redimido.

No quiere corazones dominados por ídolos, sino corazones que descansen en Su presencia.

Así como el siervo hebreo esperaba el Jubileo para volver a casa, también el alma humana anhela regresar a su verdadero Padre.

El Shabat, el Santuario y la Redención apuntan a una misma verdad:

El amor de HaShem no busca poseer al hombre como un amo cruel, sino restaurarlo como un hijo libre.

Que este mensaje sea luz en medio de la oscuridad llamada esclavitud.

Aliya # 5

Vayikra 26:10-463

EL SECRETO DEL GRANO AÑEJO

Shalom, mis hermanos. En esta aliyah vemos un profundo llamado de atención a la corrección.

Vayikrá 26:10 “Comerán grano añejado, y el grano viejo para dar cabida al nuevo desalojarán. Y estableceré Mi Santuario entre ustedes, y no los rechazará Mi Espíritu.”

Los comentaristas explican que habrá tanta abundancia que el pueblo aún estará comiendo la cosecha antigua cuando llegue la nueva.

Rashi añade que el producto viejo será tan bueno y preciado que la gente no querrá desecharlo. La bendición no es solo cantidad, sino calidad, sabor y satisfacción.

La Torá nos muestra también que habrá que desalojar lo viejo para hacer espacio a lo nuevo. Esto significa continuidad: una bendición alcanzará a la siguiente, sin espacios de vacío ni temporadas de escasez.

Aquí se revela algo profundamente humano: el temor a perder, a quedarse sin mañana, a vivir con la angustia de la falta. Pero HaShem promete una abundancia tan grande que todavía habrá “grano viejo” cuando llegue el nuevo. No habrá interrupción entre una

provisión y la siguiente. Y esto no habla únicamente de alimento, sino de una vida sostenida por la fidelidad divina.

A veces atravesamos temporadas donde sentimos que se acabó la fuerza, que el trabajo cesó, que la alegría o la esperanza se apagaron. Sin embargo, HaShem hace que la bendición anterior dure hasta que llegue la siguiente. Él sostiene el puente entre una etapa y otra.

Y luego viene lo más hermoso del pasaje: “Y estableceré Mi Santuario entre ustedes.”

La abundancia no era el destino final. El verdadero tesoro era y sigue siendo la Presencia de HaShem en medio del pueblo.

Una casa puede estar llena de cosas y aun así sentirse vacía, pero cuando la Shejiná habita, incluso lo sencillo se vuelve santo.

Los sabios enseñan que el corazón humano también puede convertirse en un Santuario. Cuando hay fidelidad, humildad y obediencia, la Presencia Divina encuentra un lugar donde reposar.

A veces el Eterno no quita inmediatamente “lo viejo” de nuestra vida porque aún tiene propósito, enseñanza o sustento. Pero también llega el momento de abrir espacio para lo nuevo que Él desea traer.

La verdadera bendición no es solo tener pan para hoy y para mañana, sino vivir de tal manera que la Presencia de HaShem nunca se aparte de nosotros

Aliya # 6

Vayikra 27 :1-15

MI CASA MI SANTUARIO

Shalom mis hermanos, en esta aliyah encontramos leyes sobre donativos al Templo, valoraciones y la santificación y redención de propiedades.

El capítulo 27:14–15 dice: “Si un hombre consagra su casa como sacra para HaShem, la valorará el Cohén para bien o para mal; según la valore el Cohén, así permanecerá. Y si quien la consagra redime su casa, añadirá un quinto al dinero de la valoración sobre la misma, y será suya.”

La Torá describe aquí a una persona que decide dedicar su casa a HaShem. No se trataba de una venta común, sino de una consagración sagrada: la casa pasaba a estar destinada al servicio del Santuario, y por eso el Cohén debía establecer su valor. Cuando

el texto dice que la valorará “para bien o para mal”, significa que el Cohén evaluaba honestamente su estado real. Si era una casa valiosa, la valoración sería alta; si era humilde o deteriorada, sería menor. La enseñanza es clara: la santidad no depende de la

apariencia externa, sino de la verdad y la justicia.

Luego la Torá explica que si la persona deseaba recuperar la casa que consagró, podía hacerlo pagando el valor fijado por el Cohén más un quinto adicional. Ese “quinto” era un reconocimiento espiritual: una forma de decir “no tomo a la ligera lo que dediqué a

HaShem”. En el Tratado de Arajin se profundiza en estas leyes, y los Sabios enseñan dos principios fundamentales. Primero, que la palabra humana tiene peso espiritual. Cuando alguien decía: “Esta casa será para HaShem”, sus palabras creaban una obligación real.

En el judaísmo, la palabra no es vacía; así como HaShem creó el mundo con palabras, el ser humano también construye o destruye mediante lo que declara. Segundo, que el Cohén debía actuar con absoluta rectitud, sin favoritismos ni emociones. Representaba

justicia y verdad, y por eso la Torá afirma: “Según la valore el Cohén, así permanecerá.” La santidad no podía mezclarse con corrupción.

El quinto adicional enseñaba responsabilidad. Los Sabios explican que quien redimía lo consagrado agregaba ese quinto para no tratar lo sagrado como algo común. La santidad exige compromiso, no se entra y se sale de ella con liviandad.

De aquí surge una enseñanza profunda sobre el hogar. En la tradición judía, la casa representa mucho más que paredes: es un pequeño Santuario. La mesa es como un altar, la paz familiar es presencia divina, y las palabras de Torá llenan el hogar de luz. Por eso este pasaje no habla solo de ladrillos, sino del corazón del hogar. Cuando decimos que nuestra casa pertenece a HaShem, estamos declarando que allí hay bondad, pureza, paz y memoria del Eterno.

Muchos construyen casas, pero no todos construyen un hogar santo.

Una casa puede tener lujo y aun así sentirse vacía; pero donde hay amor, verdad, oración y misericordia, allí la Shejiná descansa. El verso también enseña algo estremecedor: el hombre podía entregar su casa a HaShem porque entendía que, en realidad, nunca fue completamente suya. Todo lo que tenemos es un préstamo divino:

las paredes que nos cubren, la mesa donde comemos, las voces que llenan las habitaciones.

Y quizá la pregunta más profunda que surge de estos versos es:

¿Qué atmósfera hay dentro de nuestra casa? ¿Qué se respira en nuestros hogares?

Porque una casa no se mide solo por su valor material, sino por la luz espiritual que emana de ella. Cuando una persona convierte su hogar en un lugar de bondad, paz y presencia divina, entonces las paredes dejan de ser solo cemento y se transforman en un pequeño Santuario.

Aliya # 7

Vayikra 27:16-34

SOMOS ESA PEQUEÑA LLAMA EN MEDIO DE LA OSCURIDAD

TEMAS:

 Redención de casas y campos.

 Propiedad consagrada a perpetuidad.

 El segundo diezmo.

 El diezmo de animales.

Shalom mis hermanos esta porción nos invita a mirar con honestidad la luz que llevamos dentro y a reconocer cuánto puede perderse cuando dejamos que la oscuridad avance sin resistencia.

Vayikra Cap. 27:29  ̈Toda persona condenada que sea proscrita de la humanidad no será redimida; se le dará muerte.  ̈ En hebreo aparece la expresión «Kol jerem asher yajaram min ha-adam» «todo ser humano puesto bajo Jerem».

La palabra jérem significa algo separado totalmente, entregado irrevocablemente, consagrado para la destrucción. Los sabios explican que este verso no habla de una persona común que hizo un voto, sino de alguien que recibió una sentencia máxima del tribunal en casos extremadamente graves. En la tradición judía, una propiedad podía ser consagrada y luego redimida pagando, pero una persona sobre la cual recaía un jérem judicial por delitos capitales no podía ser rescatada con dinero. El tratado de Sanedrín

enseña que la justicia no podía comprarse: la vida humana tiene un valor infinito, por eso no existía la posibilidad de “pagar para evitar la sentencia” en casos de asesinato o crímenes capitales.

El juicio debía ser extremadamente cuidadoso, con requisitos estrictos y múltiples testimonios. De hecho, los sabios remarcan que el tribunal judío casi nunca ejecutaba; un Sanedrín que ejecutaba con frecuencia era considerado severo. La meta era preservar la santidad y la justicia del pueblo.

 

Este mensaje de la Torá parece duro, pero no busca destruir al hombre, sino despertar conciencia. Cuando una persona llegaba a ser proscrita, el castigo no comenzaba allí; había comenzado mucho antes, cuando decidió desviarse del camino de la verdad. Aun así, se le ofreció la oportunidad de retomar el camino de la teshuvá, pero no la aceptó. Esa resistencia apagó la voz de su conciencia y permitió que la oscuridad cubriera su luz.

La Torá, generación tras generación, nos llama a tomar conciencia de cada palabra y cada acto. Somos tan valiosos que cualquier acto de maldad trae consecuencias profundas. HaShem toma tan en serio nuestras vidas, nuestras palabras y nuestras decisiones, que ninguna es insignificante.

Pero dentro de este mensaje también hay una luz escondida: mientras una persona está viva, mientras su alma respira, mientras su corazón puede quebrantarse delante de HaShem, siempre existe la puerta de la teshuvá. El peligro más grande no es caer, sino endurecer el corazón hasta dejar de escuchar. Cada vez que ignoramos la verdad, el alma se endurece; cada vez que obedecemos la voz de HaShem, el corazón vuelve a vivir.

Los sabios comparan el corazón humano con una vela: una pequeña llama puede iluminar una habitación entera, pero si se apaga, la oscuridad ocupa todo el espacio. Hay personas que aún sonríen por fuera, pero por dentro sienten que algo murió hace tiempo; perdieron sensibilidad, esperanza y dirección. Estas palabras vienen a despertarnos antes de llegar a ese lugar.

HaShem no quiere una humanidad fría, endurecida y desconectada. Quiere corazones vivos. A veces creemos que lo más peligroso es fracasar, pero no: lo más peligroso es acostumbrarse tanto al pecado, al orgullo o a la indiferencia que ya no nos duele alejarnos de Él. Por eso hoy, mientras hay vida, hay oportunidad. Mientras el alma siente, HaShem sigue llamando.

El juicio más triste no es cuando HaShem deja de escuchar al hombre, sino cuando el hombre deja de escuchar a HaShem. Y aun así, Su misericordia sigue tocando la puerta del corazón, porque una chispa de arrepentimiento sincero puede devolverle vida a un alma entera.

Parashá N°33 Bejukotai *

Aliya 1

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